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Obama y la paz

La madrugada del día 9 se anunció en Estocolmo que la Academia de Ciencias confería al presidente norteamericano Barack Obama el Premio Nóbel de la Paz por sus gestiones a favor del desarme nuclear y otras iniciativas y acciones afines.

 Obama apenas empieza su presidencia y, con la tradición guerrerista de la historia de su país, se diría que la Academia ha corrido un riesgo.

 Pero puede entenderse también que ha querido correrlo junto al Presidente.

 La extrema derecha de Estados Unidos y sus “halcones” militares y civiles se cansan bien pronto de las gestiones políticas para “desliberalizar” a presidentes demócratas y entonces deciden otra cosa.

 El asesinato de John F. Kennedy es el último ejemplo, seguido de cerca por los del líder pacifista Martin Luther King y del precandidato presidencial Robert F. Kennedy, hermano del primero.

 La Academia sueca habría querido ofrecer al presidente Obama una manifestación de apoyo y la proyección de su nombre y figura a ese nivel internacional, de manera que se hiciera más difícil tomar contra él una medida criminal.

 Además, el otorgamiento del Premio Nóbel debe reforzar sus principios y propósitos pacifistas en un mundo que hace ya mucho tiempo no quiere la guerra y se horroriza con acciones como las de Afganistán e Irán, patrocinadas y mantenidas por los gobiernos de George Bush y de su hijo George W.

 Sin dudas, la decisión de los académicos suecos comparte el horror de ese mundo que no quiere guerra y que condena el enriquecimiento de los industriales del armamentismo norteamericanos que todavía no acaban de contar sus beneficios con las del Golfo Pérsico, Irán y Afganistán.

 Pero en lo personal y quizá fundamental, el Premio Nóbel que se otorga al presidente Obama busca reforzarle sus expectativas de vida y conferirle mayor fuerza a sus gestiones de desarme y paz en su país y en el ámbito internacional.

 Pudiera no ser lo mismo asesinar a un presidente norteamericano que asesinar al presidente norteamericano que también es Premio Nóbel de la Paz.

 Estados Unidos, con todo y que está solo en la hegemonía y gobierno mundiales, no está en condiciones de arrastrar con el peso de asesinar a su presidente. Y no importa que se quisiera establecer diferencia entre lo que es esa nación y lo que son sus fuerzas ultraderechistas del guerrerismo y del armamentismo. Lo primero es una apreciación subjetiva, quizá una ilusión. Lo segundo es el resumen de su realidad histórica.

El Nacional

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