Ley, batuta y Constitución
Se le atribuye al general Moisés Alejandro Anderson (Macabón), gobernador de Samaná en tiempos del dictador Ulises (Lilís) Heureaux, proclamarse ley, batuta y Constitución de la provincia.
El dictador lo era en el país, ¿por qué no serlo también su mejor representante allí?
En 2006, el presidente Fernández se hizo acompañar por una comisión de abogados constitucionalistas para presentar en el Aula Magna de la Universidad Autónoma las líneas de un proyecto de Constitución que elaboraría el grupo y que él presentaría a la Asamblea Nacional.
Quiza y sin quizá haya sido el mejor de cuantos discursos hubiera pronunciado antes o después.
A los dos años presentó el proyecto y la Asamblea Revisora empezó a discutirlo.
En esos días, el presidente de ese organismo me hizo llegar por correo electrónico el texto de la nueva Constitución y puse manos a la obra.
Supuse que me lo hacía llegar con fines de chequeo del estilo y en un par de semanas le devolví el proyecto con 129 observaciones y un informe que las contenía y explicaba.
(La suposición se basa en que, como ciudadano, puedo participar en una redacción constitucional o legal sólo en lo que se refiere a gramática y estilo, donde tengo alguna experiencia y alguna destreza).
Manifesté al presidente de la Asamblea mi disposición de participar de manera voluntaria en la comisión de gramática y estilo que se ocupara de la corrección del texto constitucional final, una vez discutido y aprobado en sus dos lecturas.
Dado que me habían parecido bien el discurso del presidente y el proyecto de Constitución, sentí que cumplía con un deber.
En los últimos largos meses de trabajo de la Asamblea -segunda, tercera y hasta cuartas lecturas de las que sólo correspondían dos-, allí ha habido de todo: supresión y condicionamiento de derechos y libertades y cuanto ha podido ocurrírsele a la conveniencia y la ignorancia de senadores y diputados.
Esos hechos han desmentido y contravenido los principios de la tesis jurídica del estado social y democrático de derecho que fue el espíritu del discurso presidencial de 2006 y del trabajo de la comisión de juristas redactora del proyecto.
Así las cosas, y aunque a su tiempo presenté mi informe de gramática y estilo, no estoy para nada dispuesto a darle continuidad. Ya no siento el deber ni tengo la ilusión de hace dos y tres años.
Los partidos De la Liberación y Revolucionario, un acuerdo entre ellos, y los senadores y diputados de la Asamblea, la han convertido en una pesadilla.
Detrás de aquel discurso latían la ley, batuta y Constitución del gobernador Macabón.
