Caudillo de España por la gracia de Dios, con la iglesia católica y papas, prelados y curas a su más extrema derecha y con la monarquía como escabel, Francisco Franco encabezó una dictadura sin fisuras ni veleidades democráticas de género alguno entre 1936 y 1975 en que murió en su cama.
Por supuesto que no dejó a los españoles ni la más remota herencia democrática sino, también por la gracia de Dios, la monarquía parasitaria que ha tenido el mérito de propiciar en el país una democracia con la falla de ser la democracia parlamentaria obligada a mantener a todo lujo al rey y a su corte celestial de prelados, curas, militares y civiles.
Los asesinatos y otros crímenes de Franco y sus asociados en el franquismo entre los que a su tiempo estuvieron Adolfo Hitler y Benito Musolini-, deben quedar en el olvido oficial que se impone desde el peplo divino del rey, los sermones de la iglesia católica, el discurso de los demócratamonárquicos y el concierto de las naciones libres del mundo.
Todo lo cual es basura. Cháchara liberaloide como suele repetir el profesor Jesús de la Rosa o terrorismo medieval que escribió Nicolás Guillén.
El Valle de los Caídos se levanta en Madrid para rendir homenaje a los enemigos de la república franquistas, nazis y fascistas- ajusticiados en la Guerra Civil por las tropas socialistas y democráticas de la República.
Pero en el corazón de cada español de conciencia progresista se levanta desde 1939 un valle de los alzados y olvidados que a cada rato pone una lágrima en los ojos de los demócratas a los que fuerza a apretar los puños con la rabia de los imponentes.
Porque los demócratas y socialistas republicanos fueron derrotados y para ellos no sólo fueron el exilio y la pobreza sino la prohibición de regresar a la tierra que los vio nacer y, más, el despojo de los escasos bienes que hubieran podido acumular hasta 1936, que por ley no podrían reclamar.
Que en la España de Franco hubo también de eso, como lo hay en la España monárquica y democrática que de 1975 a estos días ofrenda ante la tumba del caudillo de España por la gracia de Dios las flores de las heridas no cerradas y de las tumbas desconocidas de la Guerra Civil.
En las páginas de El corazón helado, de Almudena Grandes, y en La batalla de los intelectuales, de Alfonso Sastre entre otro centenar de obras de ficción y de investigación-, hay recogidas esas lágrimas que cada día brotan de los ojos de los españoles que saben que la Guerra Civil no ha terminado y que Franco no murió hace 35 años.
Y que la historia tendrá que seguir.

