Opinión

AL DÍA

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Pedro B. Palacios, poeta argentino nacido en 1854 y fallecido en 1917, dejó este canto de lucha como fuente de fuerza para todo el que la necesite en algún momento de su vida.

 Lo conocí un poco antes de los sesenta y desde entonces lo recuerdo, más que nada cuando confronto dificultades en la vida. Y como casi siempre las confronto, casi siempre tengo en la memoria el poema de “Almafuerte”, seudónimo que utilizó Palacios para muchos de sus trabajos.

 He entregado copias del soneto a muchos amigos y ahora más, con la facilidad de la digitación de computador y el correo electrónico.

 Hará un poco más de treinta años, la fallecida e inolvidable amiga Socorro Arias de Moya, compañera de trabajo en la (Pontificia) Universidad Católica Madre y Maestra, lo copió a máquina y lo hizo elaborar en un pirograbado que conservo junto a su memoria.

“No te sientas vencido ni aún vencido,

 no te sientas esclavo ni aún esclavo.

 Trémulo de pavor, piénsate bravo

 y arremete feroz, ya malherido.

 Ten el tesón del clavo enmohecido

que ya viejo y ruin vuelve a ser clavo,

  no la cobarde intrepidez del pavo

 que amaina su plumaje al primer ruido.

 Procede como Dios, que nunca llora,

 o como Lucifer, que nunca reza,

 o como el robledal cuya grandeza

 necesita del agua y no la implora.

 Que muerda y vocifere, vengadora,

 aún rodando en el polvo, tu cabeza.

Catorce versos, endecasílabos, y un himno al valor, fuente de fuerza para el ser humano que, en la lucha con la vida y sus vicisitudes, sabe que no cuenta más que con su voluntad.

 (Socorro fue, en su segundo matrimonio, esposa y viuda del sociólogo Enmanuel, Manny, Espinal, fallecido en un accidente de automóvil).

El Nacional

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