Historia o novela
1.- La historia es una y la novela otra. La primera puede nutrir a la otra pero hasta ahí. Una es una y otra la otra. La llamada novela histórica queda siempre en novela. La historia novelada también.
La historia es una y la novela otra. Distintas como la realidad y la ficción.
Durante los 31 años del oscurantismo impuesto por la tiranía de Rafael Trujillo, los dominicanos no tuvieron acceso a la literatura política de los españoles durante la Guerra Civil 1936-39 ni a la que produjeron los exiliados después de ese último año.
Y de 1961 en adelante, ajusticiado el tirano, las reediciones de la obra política de los republicanos en España y en el exilio no han sido muchas.
Caudillo de España por la gracia de Dios, el generalísimo Francisco Franco gobernó desde 1936 hasta su muerte en 1975. Su dictadura de corte nazifacista y católico sobrevivió quince años a la que impuso aquí el generalísimo Rafael Trujillo de 1930 a 1961.
Con la literatura política de los exiliados dominicanos antitrujillistas ha tratado sin mucha constancia de hacerse una obra de rescate aunque las más viejas de esas obras reposan en bibliotecas muy particulares y avaras.
Carmen (Carmita) Landestoy, exiliada de las primeras, escribió un Yo acuso a Trujillo que conocen bien pocos dominicanos de entonces y muchísimo menos del presente.
Se conoce obras de Juan Isidro Jimenes Grullón, Juan Bosch, alguna de Andrés Requena, , Luis F. Mejía, Félix A. Mejía, Sangre en las calles, de Albert L. Hicks, La era de Trujillo, de Jesús de Galíndez y Una satrapía en el Caribe, de Gregorio R. Bustamante (José Almoina Mateos), entre otras pocas.
El grueso de esos trabajos intelectuales de agitación política de los exiliados permanece en primeras ediciones y como incunables de bibliotecas del extranjero y de dominicanos que de ninguna manera participarían en la gestión de hacerlas llegar al gran público lector, que no es nada grande.
Y lo mismo aplicar a tantos y tantos libros que intelectuales y políticos españoles escribieron y publicaron de manera precaria en su largo exilio, aplastados por esa condición y por el hecho de que al caudillo español por la gracia de Dios, nazifacista e inquisidor, logró que Estados Unidos y otras democracias lo hicieran pasar como demócrata y defensor de la cultura occidental y cristiana.
Amén de que a Franco rendía tributo también la traílla de dictadores y tiranos que, bajo la sombrilla norteamericana, se estiló en América Latina en los decenios 30 a 60.
