Los viejos trujillistas, los neotrujilistas y los trujillistas nostálgicos han actuado según su doctrina y con toda libertad durante los últimos 44 años.
El neotrujillismo de Joaquín Balaguer, instalado por los norteamericanos en 1966, ofreció a esta gente no sólo la posibilidad sino, por su medio, la de gobernar de manera directa.
La corrupción y el envilecimiento en todo sentido robo de los bienes del Estado, malversación y disposición de los fondos estatales para beneficio personal, persecución, encarcelamiento, deportación y asesinato de adversarios como razón de Estado- volvieron a entronizarse.
Balaguer no sólo recreó el método trujillista de gobierno despótico sino que corrompió, pervirtió y subvirtió la manera de hacer política.
Los trujillistas de toda laya empezaron a regresar los que por temor a sus hechas prefirieron acogerse a un exilio dorado-, lo mismo que sus hijos y otros familiares y beneficiarios.
Ramfis Trujillo no regresaría al país porque, en el orden político, era el único peligro que confrontaba Balaguer entre esa gente. Por ello, se dice, que participara de manera directa en el asesinato en Madrid del hijo mayor del tirano.
Con ascendiente sobre los generales y coroneles de las Fuerzas Armadas y sectores socioeconómicos trujillistas y neotrujillistas todos-, Balaguer supo bien que tan pronto Ramfis pisara el territorio, el apoyo político con que contaba se volcaría a favor del hijo del tirano.
Esa gente preferiría que gobernara el dueño del circo y no un payaso.
Familiares de Trujillo y herederos de trujillistas ocuparon puestos de primera importancia en los gobiernos de Balaguer, tanto en la Administración como en el cuerpo consular y en la diplomacia.
El método político de Balaguer, además, garantizaba la permanencia de la doctrina trujillista porque se basaba en la corrupción y envilecimiento de todo género como medio de conservar y aumentar el poder.
En los últimos veinte o veinticinco años, trujillistas, sus herederos, neotrujillistas y trujillistas nostálgicos han publicado obras de exaltación del tirano disfrazadas de análisis crítico de la historia de crímenes que sufrió el pueblo entre 1930 y 1961.
Y lo han hecho con la libertad que garantiza la incipiente y precaria democracia que vive el país en los gobiernos que no han sido de manera directa los de Balaguer entre 1966 y 1978 y 1986 y 1996.

