La comedia no e finita
Lo más reciente del embeleco/mojiganga que tienen los dominicanos como política es el caso Calderón.
Rafael Calderón, sociólogo, fue creado en 2000 como secretario técnico de la Presidencia y de Finanzas en la administración de Hipólito Mejía.
Hasta ese momento, contados miembros del Partido Revolucionario lo conocían.
Y hasta los bien enterados y conocedores de la intríngulis de los partidos.
Menos la gente común y corriente.
Calderón dejó la túnica del desconocido para vestir el peplo de secretario de Estado y, lo que no es menos, de los hombres de confianza del atípico presidente Mejía.
Al parecer, era de la traba del presidente electo entonces, aunque de la traba secreta y desconocida.
Para concluir con el capítulo, no es aventurado afirmar que hasta 2000, Calderón no había aparecido siquiera en una foto de las que en los periódicos se publican para cumpleaños y santos.
Y que no se le había mencionado siquiera como claque de bulto en alguna de las reuniones de dirigentes perredeístas.
Derrotado Mejía en su intento reeleccionista de 2004, Calderón necesitó de la protección de un puesto de diputado y, a la sombra de su caudillo, lo consiguió y ejerce hasta este día.
Es de los representativos de Azua en el hemiciclo.
Y aunque ha desarrollado una gestión ni fu ni fa, acorde con lo que fue su carrera política hasta 2000, el diputado ha querido progresar y empujó una precandidatura a senador.
Ya el expresidente Mejía no capa y señala en el PRD y a Calderón no le había ido bien con sus aspiraciones.
Por eso logró una entrevista con el presidente de la República y del Partido de la Liberación de gobierno y, basado en los méritos del tránsfuga, mercó que se le nombrara candidato a senador por Azua a cambio de brincar hacia el PLD.
De lo que enteró a la prensa.
Aunque el PLD tenía un candidato seguro a senador por Azua, el presidente Fernández decidió jugar a lo que se juega con el transfuguismo del clientelismo y he ahí a Calderón como candidato a senador.
La conclusión de este episodio del embeleco/mojiganga que se da a los dominicanos como política está en el contenido de una vieja frase: la traición es simpática, el traidor no.
Veremos, dijo un ciego.
