Elegir y ser elegibles
Como aparece en el título se escribe y debe entenderse ese derecho esencial que reconoce al ciudadano el régimen democrático.
Así lo consigna la Constitución.
Elegir y ser elegible.
Y así lo escribe y así lo pronuncia la gente racional y con dos dedos de frente.
Pero desde tiempo inmemorial se habla del derecho de elegir y ser elegido, lo que es un disparate de marca mayor.
¿Cómo puede la Constitución garantizarle a las personas un derecho que sólo una ínfima minoría de ellos ejercerá?
Ser elegido no es ni puede ser el derecho. Ser elegible, sí.
Elegir es un derecho que ejercen todos pero ser elegido no es derecho porque no todos, en algún monento de sus vidas, lo serán.
A lo que hay derecho es a ser elegible, a postularse y recibir o no el favor de la mayoría de los electores.
Una mayoría asombrosa de abogados, políticos, periodistas y comentaristas de radio y de televisión cae en el disparate de hablar o de escribir acerca del derecho de elegir y ser elegido.
Y la gente del pueblo llano y de la clase media cae en el error, histórico, pudiera decirse, de repetirlo.
Por lo que se ha hecho un lugar común.
Por la presión social de tanto escuchar el disparate, periodistas y comentaristas racionales, con dos dedos de frente y que saben que es elegir y ser elegible, caen también en la facilidad de repetir lo que casi todo el mundo dice o escribe, abogados, más que nada, y políticos de los del número….
Todo el mundo y aquí si cabe la frase-, se pasa la vida adulta en el ejercicio electoral que le reconoce el derecho de elegir y se pasa la vida adulta en el ejercicio de reconocer a los demás y a sí mismo el derecho de ser elegibles.
(Todo el mundo tiene el derecho de ser elegible pero la cordura y la sensatez, y la falta de 10 o 20 millones de pesos para la precampaña y la campaña, impiden que lo ejerza).
En algunos casos, ese todo el mundo se reduce porque sólo la cordura y la sensatez le impiden postularse. (No es que tengan los 10 o 20 milones para la precampaña y la campaña sino que se sabe sin la capacidad y otros méritos para aspirar al puesto tal o cual).
Pero conserva su elegibilidad. Y puede ejercerla.
Elegir y ser elegible, pues, y no el disparate de elegir y ser elegido que tanto se lee y escucha y ve en los medios, de manos y bocas de políticos, abogados y columnistas y comentaristas de prensa, radio y televisión.
