Opinión

Al día

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De buenas a primeras, amanece un lunes amarillo y la sociedad presenta el reclamo por ese porcentaje del Producto Bruto Interno para la educación.

 La gente estuvo en esquinas principales de la ciudad y de otras del territorio. También la diáspora en varios pueblos de España y Estados Unidos. Mujeres y muchachas, hombres y jóvenes. Adultos y ancianos.

   Organizó la Coalición por una Educación Digna, que es el nombre de la federación de más de 200 organizaciones comunitarias, de estudiantes, de profesionales, de trabajadores sociales, de amas de casa, de obreros y técnicos.

 La característica del movimiento es una sombrilla amarilla. Bajo ella suelen manifestar frente al Congreso, “al testero del sol”, sus grupos. La sombrilla los protege y su color los identifica y da un distintivo.

 Cosa curiosa, uno de los colores del Partido de la Liberación es el amarillo pero sus dirigentes no han hecho siquiera un comentario acerca del particular.

 El amarillo, ya,  es de la Coalición, aunque lo tuvieran primero el PLD y mucho antes las Águilas Cibaeñas.

 (No deja de ser curioso comprobar cómo el color de un partido pasa a ser el color de un movimiento social de reivindicación frente, nada más y nada menos, que al congreso y al gobierno de ese partido).

 Dada la espontaneidad del movimiento, es lo que llama a la atención, alguna gente con algunos años ha dado en recordar la expresión espontánea de la voluntad del pueblo con la Revolución Constitucionalista y Guerra Patria Abril de 1965.

 Los dirigentes habían planeado y pensaban una cosa pero el pueblo, tres o cuatro pasos más adelante, convirtió al estallido en una lucha por los derechos y, con la invasión norteamericana del 28, en guerra patria.

 La comparación no cabe –los objetivos son distintos- aunque sí cabe que el recuerdo una ambas circunstancias, dado lo espontáneo y masivo de la respuesta de la sociedad en cada ocasión.

 Al frente de la Coalición están los que escoja la asamblea cada vez que toque seleccionarlos. Y siempre será gente cuyo nombre no se asocia con algo de importancia social o económica o política. “Gente pobre de la ciudad y los campos” como solía decir Juan Bosch.

 Lo mismo que “Cerito y Cruz”, el valiosísimo documental acerca de la educación que se basa en el informe anual del programa de Naciones Uniqas para el Desarrollo.

 ¿Quiénes fueron su director, su actriz, su luminotécnico, su guionista?

 La respuesta, “Cerito y Cruz”. Una organización comunitaria, miembro de la CED.

Y todos, gente que ha decidido empezar a trabajar por su país a despecho de los gobiernos y de los partidos.

El Nacional

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