FFAA: innecesarias y parasitarias
1.- Con el ajusticiamiento del tirano Rafael Trujillo el 30 de Mayo de 1961, los sectores democráticos y revolucionarios entendieron llegado el momento de la reducción de las Fuerzas Armadas y la tecnificación de la Policía.
Manejado el país por Estados Unidos, potencia embarcada en una guerra fría por la hegemonía del mundo, su decisión mantuvo a los cuerpos militares como fuerza nacional de ocupación.
En 1965, cuando estalló la revolución constitucionalista para retomar el camino democrático interrumpido por el golpe de estado civil y militar, dominicano y norteamericano de setiembre de 1963, los mandos militares en desbandada solicitaron la invasión militar de Estados Unidos.
Y la revolución pasó a guerra patria, a lucha por la defensa de la soberanía nacional en la que sólo un puñado de militares constitucionalistas participó mientras el grueso de altos oficiales y tropa hacía causa común con el invasor.
En esa circunstancia, la Policía lucía tan en desbandada como las Fuerzas Armadas. La buena conducta social de la mayoría de las personas en el territorio mantuvo el orden y el combate contra la delincuencia.
Durante los 31 años de la tiranía, los organismos armados y el policial habían sido creados y fortalecidos como tropa de choque de Trujillo, mecanismos para conservar el poder con una apariencia de paz detrás de la que se escondía el terror.
Militares y policías disfrutaban de una posición de privilegio que les garantizaba libertad e impunidad para despojar a ciudadanos de bienes menores y mayores, entre ellos parcelas y fincas agropecuarias.
De origen campesino, de general a raso y tanto en el Ejército como en la Aviación y la Marina, la meta militar era la posesión de la tierra y del bienestar de una producción agropecuaria de venta garantizada porque era venta obligada. E igual en la Policía.
Todavía, generales, coroneles, mayores y capitanes de los cuerpos militares son dueños de fincas grandes, medianas y pequeñas adquiridas mediante procesos de despojo, extorsión o regalo del Estado.
De 1961 en adelante, bajo el patrocinio norteamericano que las necesitaba como fuerza nacional subalterna de invasión permanente, los altos oficiales militares y de la Policía movieron su objetivo de enriquecimiento económico y promoción social hacia otras empresas.
En algún momento, después del golpe de Estado del 25 de setiembre, se constituyó una compañía con el curioso nombre de Policía Nacional, C. por A., dedicada al contrabando.
Cada vez menos, siempre como la voz que clama en el desierto, los sectores democráticos y revolucionarios planteaban la necesidad de reducir a las FFAA y de tecnificar a la Policía.

