Opinión

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“Hemos pagado caro nuestro miedo de morir”

Lo dejó escrito el poeta haitiano Jacques Viau, quien en 1965 murió con las armas en la mano en defensa de la soberanía del país dominicano que lo había acogido junto a su familia ascendiente y colateral, exiliados todos de la dictadura haitiana.

 Cosas de dictaduras, en el Santo Domingo que a mediados a los cincuenta recibió a Alfred y Ana Viau, padres de la familia, reinaba la tiranía de Rafael Trujillo. Pero entre ésta y la de Haití, encabezada por Paul Magloire, había fricciones.

 Y allá se recibía a antitrujillistas amantes de la libertad y aquí a esa misma gente haitiana.

 “Hemos pagado caro nuestro miedo de morir”, escribió el poeta en “Permanencia del llanto”, libro póstumo donde se grabó la estampa del llamado a ser un gran poeta.

  Se refería Viau al miedo simple y al conservatismo que han permitido en Haití, aquí y en el resto de América Latina –como en Alemania, Italia y otros países de Europa y de Africa- que se consolidaran tiranías y dictaduras.

 Las mujeres y los hombres de los países parecen cansarse de las luchas y, por la experiencia de patriotas de tiempos pasados, quienes no cosecharon sino la ingratitud de sus compatriotas y la vida pobre en el ámbito doméstico o en el exilio, deciden bajar los brazos y la dignidad.

 Y se acomodan o se desacomodan a las dictaduras y tiranías y las padecen en silencio, en casos con un cúmulo de amarguras y frustraciones que termina pronto con su vida triste.

 El poeta haitiano había escrito poco antes de que el pueblo dominicano  se levantara en armas para luchar por su Constitución, primero, y cuatro días después, por la soberanía y contra la invasión de Estados Unidos, -“Soy el pueblo, la masa, la multitud, la chusma”, éste mismo del que hablara en su tiempo el norteamericano Carl Sanburgh en “The people, yes” (El pueblo, sí).

 Los dominicanos que fueron constitucionalistas como Viau –liberales democráticos, socialistas, comunistas- decidieron no pagar caro su miedo de morir.

 Después, cuando una posición racional contra el suicidio de la lucha de “patria o muerte” frente al invasor llevó a negociaciones, constitucionalistas pasan a constituirse en un ejemplo no de lucha sino de aquello que lleva a los pueblos a resignarse y acomodarse a la dictadura, a la tiranía o a esta “democracia” que se tiene, sólo dedicada a mantener y acrecentar la riqueza de los ricos y la pobreza de los pobres.

 Ellos también son el ejemplo de tristeza que se cita para el acomodo. Si esa gente lo que encontró fue ingratitud y muerte, aquí o en el exilio, ¿por qué sacrificarse?

 Y el pueblo, entonces, vuelve a protagonizar ese miedo de morir que se paga tan caro, según dejó escrito Jaques Viau.

 (Sin dejar de anotar el aquelarre de prisión, sangre y muerte con el que los norteamericanos y su vicario Joaquín Balaguer, para resembrar el miedo histórico, hicieron vivir al pueblo durante 22 años que no terminan).

El Nacional

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