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FFAA: lodos

3.- Aquellos polvos han degenerado en estos lodos. Las Fuerzas Armadas y la Policía son ya en una amenaza real contra la supervivencia de la sociedad y la convivencia democrática.

 El remate de la corrupción a que son proclives por naturaleza los militares y policías encuentra su punto de rompimiento definitivo con la institucionalidad en el dinero incontable del narcotráfico.

 Miembros de los diferentes cuerpos, de altos oficiales a rasos, están envueltos en operaciones de drogas, directas e indirectas, y se ha visto a unidades de la Marina de Guerra en tarea de proteger descargas aéreas de narcóticos y a generales, coroneles, mayores, capitanes, vinculados con figuras y negocios del narcotráfico.

 A un coronel policial, jefe de operaciones de la Dirección de Control de Drogas, se le vincula con el narcotráfico. Y también a un coronel del Ejército de puesto en La Romana. Y a otro coronel policial con mando en la DNCD. Y a un general retirado cuya placa se utilizó en un vehículo desde el cual se asesinó a otro coronel policial vinculado al narcotráfico. Y etcétera, aunque la característica hasta hoy es que las investigaciones de comisiones se detienen a las puertas de los despachos de los generales y de los secretarios de Estado.

 Hoy por hoy, el escándalo no puede ser mayor. Las FFAA y la PN lucen absorbidas por las posibilidades sin cuento del dinero inagotable del narcotráfico, en sus operaciones directa o indirecta y/o de tráfico o de protección al narcotraficante.

 El producto interno bruto del país no consigna el factor de dinero de narcotráfico que se mueve en la economía nacional pero valdría que lo intentara algún economista contestatario de los que hay pocos.

 El narcoestado no es ya amenaza sino una realidad de alarmantes crecimiento y consolidación. Y todas las actividades del país lucen permeadas o permeables por las fortunas del narcotráfico y los narcotraficantes en su versión suave de lavado de dinero que puede financiarlas a todas con largueza.

 Se tiene a manos a testaferros y testaferras que son no sólo militares y policías sino elementos de cierta connotación sociopolítica por sus orígenes y vínculos con la política, el arte, el arte popular y los negocios informales.

 Los casos de Sobeida Féliz Morel y de Mary Peláez son los últimos conocidos, entre miles de otros desconocidos, encubiertos por la complicidad de jefes militares y secretarios de Estado que así protegen para protegerse.

 Como nunca antes, los organismos militares y de policiales han pasado de ser entidades parasitarias del presupuesto y fuente natural de propensión a la de centro poderoso de corrupción y amenaza real y definitiva contra la estabilidad democrática y permanencia del Estado democrático.

El Nacional

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