Opinión

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La revolución es un proceso

La transformación de la economía, la sociedad y la política; de la vida y la mentalidad de la gente y de la naturaleza y estilo de gobierno. La revolución no es el vestido que la mujer o el hombre compra alguna vez, estrena y utiliza hasta que se desgasta o pasa de moda.

 Se sabe cuándo empieza el proceso pero no tiene fin, porque no lo tiene el pueblo ni el sistema socioeconómico y político que rige la administración del Estado y su cotidianidad.

 Y es un proceso vivo, dinámico, permanente. Es una acción constante porque el cambio genera críticas y autocríticas y éstas a su vez la necesidad de corregir para que cada cosa y todo sean y vayan mejor.

 El capitalismo, que en Estados Unidos se estableció en 1776 y que como proceso ha evolucionado aunque no al nivel civilizado de las posteriores democracias europeas, también es un proceso sujeto a modificaciones y ajustes, según sean la experiencia que se ha vivido y las demandas del decurso.

 La revolución cubana, que como proceso de poder inició el primero de enero de 1959, cambió de manera radical el modelo capitalista que la clase dominante había impuesto como forma de gobierno, trabajo, vida.

 De entonces acá, desaparecieron y fueron sustituídas la hegemonía de una clase dominante sobre las masas, la propiedad privada de los medios de producción y de otros bienes que se destinaba a comercio; la explotación por la libre empresa y el latifundio, y la función del Estado y su gobierno como creación de la clase dominante a su imagen y semejanza y para su representación y defensa.

 La revolución cubana distribuye entre todos lo que se produce y no entraña la generación de una plusvalía que beneficie a unos pocos capitalistas en detrimento de los trabajadores.

 Cada quien trabaja de acuerdo con su capacidad, que ha podido mejorar por el acceso libre y gratuito a la educación de todas las disciplinas y en todos los niveles, y a cada quien se retribuye de acuerdo con su necesidad.

 La revolución china, también un proceso dinámico desde 1948, por la naturaleza, riqueza y población del país, ofrece en estos días un ejemplo de cómo el socialismo acepta los dictados de los tiempos nuevos y, para su supervivencia y más que nada para la mejoría de su población, asume una producción masiva que la convierte en la principal nación exportadora.

 Estados Unidos es el principal importador de China y ésta suple sin dificultad las necesidades de este país, “modelo” del capitalismo que Eduardo Galeano ha llamado “salvaje” y cuya característica es la de un imperialismo militarista, agente de guerras absurdas y del negocio de las armas. 

 A grandes rasgos, y el ejemplo de China es una visión del futuro socialista, en estas pocas palabras está resumido el proceso que en Cuba empezó el primero de enero de 1959, del que se sabe cuándo comenzó pero que, como todo proceso de transformación radical, no puede tener final porque los pueblos no terminan.

El Nacional

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