Opinión

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En la SCJ tampoco se renuncia

Los pretextos son que “no se puede desafiar al poder” ni “desairar al Presidente” pero lo real es que no parece haber en el país ser humano dispuesto a renunciar del puesto público y sus beneficios financieros y de “prestigio”.

 El último “ejemplo” , “para no ir más lejos en el almanaque” -decía Trespatines-, lo dan el presidente, el vicepresidente y demás jueces de la Suprema Corte de Justicia. (El penúltimo lo ofrecieron los “pájaros de cuentas” usufructuarios de la Cámara de “cuentos”).

 Jorge Subero Isa tronó contra la creación de la Sala Constitucional en la nueva constitución propuesta por el presidente Fernández y Rafael Luciano Pichardo denunció presiones políticas con el caso de la Sun Land, “fallo histórico” que en diciembre del año pasado evacuó la Suprema y “evacuó” a la Suprema.

 El primero aprovechó su discurso en el Día del Poder Judicial y el segundo como respuesta a preguntas de periodistas.

 Tanto uno como el otro saben que ha habido presiones en otros casos y que desde la Suprema se ha ido con secretas y complacientes primicias para el Presidente, cuestión de que no  lo sorprenda una sentencia.

 El asunto no es que se presione sino que se acepte las presiones y, peor, que se actúe en la consecuencia de una sumisión al poder digna de los años de la tiranía de Rafael Trujillo y del neotrujillismo de Joaquín Balaguer.

 La “sentencia” con relación al caso de Sun Land provocó una división de jueces que llegó a los medios y, antes, una confesión del presidente Subero Isa en el sentido de que en la institución se había perdido el “liderazgo”.

 ¿Liderazgo de qué?

 No se supone que esos jueces sean arreados como en traílla sino que compongan un conjunto de capacidades profesionales y de ética donde, por ello mismo, la unidad está dada por la naturaleza de sus integrantes.

 Pero en la Suprema conviven “mansos y cimarrones”, desde demócratas radicales a perredeístas y neopeledeístas, y desde reformistas a trujillistas y neotrujillistas, y pudiera haber unidad de capacidad pero no de conciencia ética.

 Los miembros del tribunal tenían solo un camino para resolver la situación de falta de “liderazgo” y de respuesta a las presiones de los intereses del poder, que era el de renunciar.

 Pero no. Parece que son demasiado el “prestigio” de la posición, amén de los beneficios financieros de salario e ingresos derivados, como la parafernalia de vehículos, gasolina, mantenimiento, escoltas y etcétera.

 Y muchos dominicanos del nivel no renuncian a eso, como éstos, a quienes  principios convenencieros y una ética acomodaticia, independientes como sería de suponérseles, convierten en subordinados del poder político.

El Nacional

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