Moca como trabajo
Algunos investigadores de la historia suelen dar a su trabajo el carácter de rescate y glorificación de ancestros que tuvieron importancia en las luchas de la Separación 1844-1856, de la Restauración 1861-1865 y de otras lides patrióticas como la Guerra de los Seis Años contra el tirano Buenaventura Báez.
Dado que el año pasado publiqué Historia pendiente. Moca, 2 de Mayo de 1861 y que acerca del acontecimiento se me ha permitido la oportunidad de elaborar y ofrecer algunas conferencias, más de una persona entiende que soy natural de la capital de Espaillat o de alguno de sus municipios o que por familia estoy vinculado con alguno de los héroes de la gesta.
No es así.
De siempre me atrajo la figura del coronel José Contreras, cabeza de la rebelión armada que se convirtió en prolegómeno de la Guerra de Restauración, y por ello la investigación que convirtió en nombres familiares para mí los del comandante José María Rodríguez, el capitán Cayetano Germosén y el teniente José Inocencio Reyes, mártires todos de la gesta.
Para llegar a ellos me familiaricé también con el trabajo de investigadores locales de la historia como Elías Rodríguez, Julio Jaime Julia y Rubén Lulo Gitte, así como con el de historiadores nacionales, de José Gabriel García a Pedro María Archambault, de Manuel Ubaldo Gómez Moya a J. Agustín Concepción y de Roberto Cassá a Juan Isidro Jimenes Grullón.
Y de un testimonio como el del general Gregorio Luperón, espada primera de la Restauración, como del paciente y silencioso trabajo histórico del puertoplateño Rufino Martínez, entre otros historiadores.
Con ese y otros materiales, y el aporte de los testamentos del coronel Contreras y del comandante Rodríguez que debo al historiador Lulo Gitte, pude dar término a la investigación que culminó con Historia pendiente…, que publicó el Archivo General de la Nación.
(En mis remotos años de amante de la literatura, recuerdo haber escrito y publicado Las avenidas largas, cuento dedicado a una vía que, con el nombre del Coronel José Contreras, va de la Cayetano Rodríguez en Gascue, rumbo al Oeste, hasta su empalme con la avenida Cayetano Germosén.
(El cuento contó la historia del 2 de Mayo de 1861 en acción simultánea con la de dos jóvenes capitaleños, en el automóvil familiar de uno de ellos, quienes recorrían en un paseo de cabo a rabo la avenida sin siquiera preguntar ni preguntarse por el el procer que le daba nombre y, es posible, sin conocer de su vinculación con la historia).

