Medios y periodistas, generosos y complacientes como no debían, mantienen el mito de que el desaparecido Partido Reformista Socialcristiano es el tercero de los tres grandes.
Ese agrupamiento clientelista obtuvo en 2004 una participación electoral de 8 porciento que cayó a 4 el año pasado y eso es el canto del cisne de lo que fue la estructura de poder que creó Joaquín Balaguer. Mucho más, desde antes del primer año y hasta este mismo día, por la cadena creciente y contundente de defecciones que lo liquidan.
Ahora están en proceso de unificación parte de los dirigentes que detentan la franquicia reconocida por la Junta Central Electoral y parte de los que cambalacharon sus posiciones por puestos en el gobierno.
Pero resulta que parte de los que se quedaron y parte de los que se fueron no querrían acuerdos comerciales sino que los nuevos dirigentes fueran elegidos por una convención.
Todos, negociantes políticos en bancarrota y prófugos de la justicia enriquecidos de mala manera por Balaguer, buscan disfrutar de alguna de las migajas que deja caer el poder mediante compromisos personales con el gobierno de turno.
Porque, como el partido que no es, el PRSC no tiene la más remota posibilidad en las elecciones provinciales y municipales del año que viene y muchísimo menos en las presidenciales de 2012.
Y esto se sabe tanto en los corrillos y mentideros de la política como entre medios y periodistas que con mucha generosidad e igual complacencia quieren conservar el espejismo de un sistema tripartito que en realidad y como también sabe todo el mundo es bipartidario desde hace nueve años.
RIP, QEPD pueden sin duda alguna sustituir la sigla PRSC que, contrario a su caudillo, no ha conseguido ser sepultado porque sus accionistas -mercachifles, tránsfrugas, vendedores de mercado de pulgas-, logran con sus tira-y-jala y dimes y diretes convenencieros cavar más profundo y más definitivo de los siete pies reglamentarios.
No existe la más remota posibilidad de una reorganización, reestructuración y unificación de un agrupamiento clientelista de poder que Balaguer creó y mantuvo como tal y no como partido de cierta institucionalidad y menos de ciertos postulados democráticos.
Porque en cuanto al PRSC y a pesar del mito que alimentan medios y periodistas, el país asiste con indiferencia y desde el año 2000 a lo que el profesor Juan Bosch llamaba entierro de pobres, esos que pasan sin pena, sin misa y sin gloria.

