Hombres fuertemente armados penetraron el domingo en la mañana en la residencia de un juez de la Corte de Apelación Laboral de Santiago y, junto a su esposa, una hija y su madre, lo maniataron, encerraron en un baño y cargaron con dinero y prendas. Se trata, ni más ni menos, del tenebroso sello que desde hace tiempo han impreso la criminalidad y la delincuencia hasta en los más apartados confines del territorio.
El caso del juez Domingo Gil, su esposa Isabel Bretón, profesora del colegio La Salle, y demás miembros de su familia ha alarmado a los santiagueros, porque, como si se tratara de un ritual, es una práctica que se repite. La violencia está en Santiago que cada día cobra nuevas víctimas, a tal punto que se ha convertido en uno de los principales desafíos para sus moradores.
En tanto, la vigilancia policial, la captura de asaltantes y todas las medidas que se han tomado han resultado insuficientes para restaurar el orden y la seguridad en la provincia.
