La lista de errores en los que ha incurrido el pelotero de origen dominicano Alex Rodríguez desde que firmó su primer mega-contrato es tan larga y escabrosa como La Gran Muralla China por lo que, fuera del terreno, le resultaría muy cuesta arriba y cara al viento obtener un Guante de Oro.
Alex Emmanuel Rodríguez Navarro es un sujeto que podría ser acusado ante la sociedad y el mundo del beisbol, con sobradas pruebas y confesiones propias, de ser drogadicto, ludópata, mujeriego, narcisista, traidor y mentiroso consuetudinario.
Fue el propio Alex, para desengaño de legiones de admiradores entre los que me incluyo, quien admitió después de negarlo infinidad de veces, que fue un consumidor de estimulantes para mejorar el desempeño durante la época en que militaba con el conjunto de los Vigilantes de Texas.
Y su vinculación con el médico y contrabandista canadiense Anthony Galea, unida a la alegada relación con Anthony Bosch y su paradójicamente hoy difunta clínica Biogénesis para el anti-envejecimiento, podrían desembocar en una confirmación de su adicción a medicamentos vedados y una habitual costumbre de falsear la verdad.
Una afición patológica al póker -juego de barajas donde la simulación es condición esencial- le ha conducido a involucrarse con salas clandestinas dominadas por el bajo mundo para satisfacer los caprichos de una alta sociedad a la que pertenece este meticuloso cultivador de la apariencia física que ha llegado hasta el colmo de plantarle un beso a su propia imagen reflejada en un espejo.
Como puede verse, el sempiterno adúltero y pecaminoso pescador de una letanía de mujeres, que van desde luchadoras profesionales como Torrie Wilson hasta otoñales palos de escoba como Madonna, es el dueño de las cuentas de un rosario difícil de rezar.
Todo lo anterior, sin embargo, no justifica la evidente conspiración, confabulación, connivencia y cualquier otro tipo de complicidad que Ligas Mayores de Beisbol y Yankees de Nueva York, con la non-sancta colaboración de medios de comunicación, han armado para apartarlo de su estructura de la misma forma en la que el cirujano extirpa un tumor maligno.
No se trata de un deseo velado de los dueños de la industria, sino de un vehemente interés de expulsión, disfrazado en la forma de una insólita suspensión sin precedentes en la que coinciden autoridades y empleadores con el objetivo común de enviar a Rodríguez a un exilio definitivo.
Las frases laudatorias de un pretérito no lejano, pronunciadas para satisfacer la megalomanía sin fronteras de este Adonis enloquecedor de multitudes, han sido suplantadas por malsanas declaraciones públicas inyectadas de un acíbar venenoso que persiguen condenarlo al ostracismo como un Lázaro moderno.
El merecido dueño de los epítetos más negativos que se puedan adosar a la personalidad de un ser humano, está hoy siendo víctima escogida con pinzas de la macabra música de una orquesta en la que convergen acosadores, hipócritas, chantajistas y manipuladores sin escrúpulos.
