Opinión

Algo más que sal

Algo más que sal

Estoy consciente de lo débil que soy ante la desgracia ajena, mucho más cuando ronda cerca de mis afectos. Dos pérdidas se han sumado a las muchas que nos han acontecido en los últimos meses. Esta columna anda compitiendo con las páginas dedicadas a las esquelas mortuorias. Había prometido no abrumarlos con lamentos y penas, pero éstas me han llegado hondo.

Aunque el uso de la Internet me ha alejado de la redacción de mi periódico, de tiempo en tiempo voy, pues disfruto del ambiente alegre, distendido, respetuoso e inteligente que allí se da; éste se vio afectado ante la partida inesperada de uno de sus principales protagonistas, el periodista Luis Adames, quien siempre nos recordaba, en su alegre compartir, los bollitos con bacalao o arenque que tradicionalmente regalo a los redactores cuando esta columna esta de cumple años. El miércoles pasado andaba en eso. Su partida le quita, al ambiente de la redacción de “El Nacional”, parte de su contagioso entusiasmo. No quiero aventurar juicios, pero si fuese un doliente cercano exigiría que me expliquen cómo fue que “no despertó nunca de la anestesia” o que “Esta (la anestesia), le provocó un Shock Anafiláctico”, porque ninguna de esas dos cosas deben ocurrir en un quirófano en el que se hayan tomado las medidas elementales de prevención.

También se nos fue la madre de los hermanos Vargas, que por años han operado un taller de reparación y venta de repuestos para estufas al lado de mi consultorio en el club “Dr. Rafael Barias”, de Villa Consuelo. Me fascinó el amor y la diligencia de estos hombres y mujeres, unificados al lado de esta matrona de casi 90 años con tres grandes complicaciones sanitarias. El SENASA, al que pertenecía por el Régimen Subsidiado, cubrió sus gastos en la Plaza de la Salud, porque el centro  donde hizo gravedad no disponía de los recursos necesarios, lo que agradezco desde “algo más que salud”.

El Nacional

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