La principal manifestación del cólera es una diarrea profusa, abundante en la que el enfermo pierde hasta 7 litros de agua por día y si este déficit no es corregido a tiempo lo puede llevar a la muerte.
En un país con acueductos inservibles, muchos de ellos conectados a tuberías de aguas negras, los riesgos son muchos. Queremos hacer algunas recomendaciones para que, si caemos en una epidemia de cólera, sea menos trágico el saldo.
Hay que olvidarse de la vacuna, pues resulta muy costosa y no garantiza que al vacunado no le dará la enfermedad.
Dado que la principal complicación del cólera es la deshidratación, es prioritario dotar a todos los centros de salud de los sueros orales y endovenosos que sea posible.
Diseñar e iniciar lo más pronto posible una campaña de concientización intensa (por los medios al alcance) sobre la higiene, especialmente el lavado de las manos luego de ir al baño, antes de sentarse a comer o de preparar alimentos.
Control exhaustivo en todos los centros de expendio de alimentos.
El cólera puede ser que no nos toque, pero debemos prepararnos por si sí, ya que, de lo contrario, con lo inequitativo que es nuestro sistema sanitario, traerá repercusiones que no serán algo más que salud.
Esto es parte de un artículo nuestro, que conserva actualidad, del 15 de mayo de 1991. Sólo agregar que no podemos dejar que la OPS nos implante modelos extranjeros desfasados, sobre todo en el tratamiento.
En la educación a la población, y al personal de salud, enfatizar que en muchos casos la enfermedad puede pasar asintomática y esas personas contaminar a otros, porque pasarían inadvertidos. El tema de la prevención debe salir del campo de los expertos, y llegar a la gente. Debe hablarse de eso en los colmadones y en los juegos de dominó, en las calles…
Finalmente, saludar el esfuerzo del Ministerio de Salud Pública y la armoniosa integración del Colegio Médico Dominicano.

