Réquiem por Haití
No pudimos sumarnos a la onda del tema obligado, acaecido ese martes, que era el terremoto. Esta desgracia, que ha dolido a casi toda la humanidad, no dejó de tener personas que la celebraran, como son todos los involucrados en la banda de Figueroa Agosto, sus secuaces militares y funcionarios que aún no salen a la luz, opacados por las imágenes del pene del narcotraficante y sus aventuras amorosas que lo han catapultado como símbolo sexual, y por tanto, a aumentar su popularidad y la envidia de no pocos dominicanos; también deben estar de risitas los del juicio de Paya, los asesinos del coronel y los doce sicarios que obtuvieron orden de libertad de un juez simpático.
Pero esas son percatas minutas, ahora lo que cuenta es mirar hacia Haití. Un Estado fallido con tan inefable desorden institucional que aparte de llevarle las ayudas hay que distribuírserlas.
La respuesta solidaria de nuestro país no debe extrañar. Ha sido la de siempre, solo que, ante la magnitud de la tragedia, también ha crecido, y la misma actitud del presidente Fernández, correctísima, ha servido de acicate, pero debemos tener cuidado. No debemos olvidar que las necesidades de los haitianos superan con creces las traídas por el terremoto, que son necesidades históricas.
Recuerden, además, los altos niveles de delincuencia e impunidad que rigen en el hermano país, y que no es menester que lleguemos hasta allá para mostrar nuestra solidaridad, entreguémosla a las muchas instituciones que se encargan de recogerla. Son confiables y tendrán el cuidado de ir bien protegidas, para garantizar, en la medida de lo posible que llegue a los más necesitados, a los afectados del terremoto, porque a los restantes ocho millones de pobres que tiene esta nación no se les va a resolver su problema con la ayuda que ahora motiva la catástrofe de la pasada semana y que también conmovió a algo más que salud.

