Opinión

Algo más que salud

Algo más que salud

“A la joven que sacó el manuscrito de mi  anterior artículo del valle del Tetero”.

José Miguel, mi hijo menor, cumplió  8 años el  viernes y le reclamó a su madre que comprara una pistola para incluirla en los regalos a rifar en su cumpleaños. Mi esposa sacó la pistola de su canasta de compras.

Hace  5 años, viajé a  Estados Unidos, y fiel a esa concepción que me lleva a no regalarle juguetes bélicos a mis hijos, viajé sin equipaje, vestido de negro con una camiseta que decía en inglés: “No a la maldita guerra”.

Tengo vuelo para el 4 de febrero e iré con otra camiseta negra artísticamente diseñada con las imágenes de los cinco cubanos presos hace 13 años en Miami, los rostros de mis asesores espirituales Regino Martínez y Rogelio Cruz y esta frase de Gabriel García Márquez: “Los pocos seres humanos que sobrevivan al primer espanto… solo habrán salvado la vida para morir después por el horror de sus resultados”.

Debemos vivir  profesando una cultura de la paz, para así ir sepultando las fuerzas de esa minoría que vive muy bien a costa de sumirnos en guerras. El mismo “Gabo” señalaba en esa conferencia de 1986: “La UNICEF calculó en 1981 un programa para resolver los problemas esenciales de los 500 millones de niños más pobres del mundo, incluyendo sus madres…”. “Sin embargo ese es el costo de 100 bombarderos estratégicos  B-1B, y de menos de 7,000 cohetes crucero en cuya producción ha de invertir el gobierno de los Estados Unidos 21,200 millones de dólares”.

Pidió Gabo que esos cerebros dedicados a establecer como matarnos, busquen cómo construir un mundo mejor: “Gente nuestra, cuyo sitio no es allá sino aquí, en esta mesa para que nos ayuden a crear en el ámbito de la educación y la justicia, lo único que puede salvarnos de barbarie: “una cultura de la paz”. En esa onda anda “algo más que salud”.

El Nacional

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