Con dignidad
Como quedó trunca la siguiente anécdota en la segunda parte de nuestro artículo “Una visión de la corrupción” se la copiamos integra: “dos policías que decomisan 7 millones de dólares y uno le dice al otro “Reportemos 4 y tomemos tres para los dos. Nadie lo va a saber” y el otro le responde: “No, no lo tomaremos porque alguien lo va a saber de una vez: yo”.
Una vez, corría el 1981, fue a la casa de la César Nicolás Penson, donde vivía Juan Bosch, un compañero muy querido del Comité Intermedio Fernández Domínguez fue a solicitarle al Presidente del Partido una ayuda para comprar un receta para un hijo suyo que tenía interno en el hospital “Dr. Robert Reid Cabral”; don Juan se anduvo todos los bolsillos y le dio al compañero lo que llevaba encima, que nunca era mucho. Ese día me correspondía “servicio” en la casa del Compañero Presidente.
Pensar en el hoy que es hoy, y lo que se sabrá y lo que no se sabrá de la Odebrecht, y remontarnos a episodios como el relatado de Don Juan nos lleva a repetir conceptos del pasado artículo que señalaba que eran actos de corrupción:“…quedarnos con una devuelta que nos dan de más, tomar parte de una mercancía que nos dan a repartir, reportar horas extras no trabajadas, vender mercancías que sabemos no están aptas, cobrar por un servicio que no hicimos, devolver de menos a sabiendas”.
Cerremos con parte de otro artículo nuestro: “Podemos aspirar a tener cosas, posesiones, fama, reconocimientos y todo se irá al vacío sino hemos estado conteste con nuestros principios, con los criterios de ser personas decentes…, y en cada espacio, en cada uno de esos papeles que nos ha tocado representar la idea es hacerlo con el norte puesto en ser honesto a lo que se es y lo que se cree, ese es el cielo, eso es el encontrarnos con el yo interior. Eso es, y no lo que ha pasado con la Odebrech, “algo más que salud”.

