No todo el dinero se gana
Los dominicanos vivimos orgullosos del producto de mercado que es Juan Luis Guerra. Tan cercano como 1987 escribí en esta columna de su estrella a propósito de “Amor de Conuco” y viví el amago de que fuese a cantar a Cuba en 1993 donde de cada 10 radios 6 sonaban su música.
Sufrí su obsesión de sentirse un enviado de Dios y como daba limosnas para obtener reconocimiento, en desmedro de las enseñanzas de Jesús. Seguía enamorado de su bella música a sabiendas de que no era más que un producto de mercado, pero ahora se prestó, por dinero, cobardía o respaldo ideológico a ser parte de un espectáculo que solo busca servir al “Norte revuelto y brutal” desestabilizando una nación que su única falla es haber querido seguir su propio camino.
A partir de ahora prometo no escuchar nada que se relacione con el producto comercial llamado Juan Luis Guerra, y para su total vergüenza le pondré parte del contenido del mes de abril del calendario 2019 de “algo más que salud” que habla de un gringo que si supo ser un americanista y no bailaba como el mono.
“Walt Whitman, el excelso poeta norteamericano del siglo XIX cuya obra es alabada por toda la humanidad, fue un ser humano prístino y defensor de la América ubicada al sur del Río Bravo.
Escribió uno de los poemas más hermosos de la historia “Canto a mí mismo”: “Yo mismo me celebro y a mí mismo me canto; Y mis pretensiones serán las tuyas, Pues que cada átomo mío también te pertenece. Vago y a mi alma la incito… Yo, ahora de treinta y siete años de edad, en perfecta salud, comienzo, esperando no cesar más hasta la muerte. Credos y escuelas a la expectativa”. De él lo más difundido es su verso 31:
“Creo que una hoja de hierba no es menos que el camino que recogen las estrellas
Y que la hormiga también es perfecta.
Y que la menor articulación de mi mano puede humillar a todas las máquinas…”.

