Trocitos agridulces
Ciertamente el mundo es una aldea, nos enteramos de casi todo lo que pasa, especialmente las malas. Cuando solo teníamos acceso a periódicos y noticieros de radio y televisión nos llegaban esas cosas feas dosificadas, no podían cubrir todo lo que hoy nos llega por la RED, ni era tan fácil a personas mediocres pasar a un primer plano haciendo una bellaquería.
Otro carajo, frustrado con su existencia, entró a un sitio público en Virginia, y empezó a matar personas. Con toda la carga de maldad que fluye por las redes sociales, los feos ejemplos de otros que han hecho lo mismo y se quedan tan campantes como si no hubiese pasado nada, incitan a otros, con sus vidas maleadas, a hacer lo propio.
Dos bandidos y una inadaptada, con largo historial delincuencial que andaban atracando sin ton ni son, se equivocaron al tirotear y despojar de su arma a un mayor de la policía desconociendo que es el jefe de seguridad de los padres de la Primera Dama y precisamente al frente de la casa donde estos habitan.
Esas son teclas que no se tocan. La joven se entrego al otro día. Después que a“TikiTiki” le dieron pa bajo y la “Falacia” prófugo escuchó “Que se entregué por la vía que estime pertinente” y consciente que eso es una sentencia de muerte procuró a Almánzar, el de los Derechos Humanos, pero dijo cuatro veces que sabe que lo van a matar. “Yo no quiero que me maten en la calle, como quiera me van a matar”. Un poco más adelante sucederá, a menos que se “suicide” ahorcándose o que otro recluso le acuchille.
Al Poder no puede hacérsele sentir vulnerable. El librito dice que se puede asaltar a todos, menos a los de arriba. Por eso, tarde o temprano, a “La Falacia” también le darán pa bajo y para su desgracia, ya muerto, ni la prensa se refiera a ello. Me faltaron los trozos dulces, los prometo para la próxima de “algo más que salud”.

