A mis compañeros de la casa de la Penson entre 1979 y 1983
El pasado jueves anuncié que iría a la entrega de los premios del concurso auspiciado por la Fundación Juan Bosch: 100 años en 100 palabras. Acompañado de once miembros de mi familia, no tenía idea de en qué lugar había quedado mi trabajo: Amaneciendo con el Líder. La coordinadora del premio, Isabel Florentino, nunca nos dio pista, pero el haber sido tomado en cuenta a pesar de mi posición crítica con los herederos políticos de don Juan, ya era suficiente para arrastrar con mi familia a celebrar.
En lugar de tres, fueron cinco las menciones con un modesto aporte en efectivo. Recayeron en Alexandra Maldonado, Juan Bautista del Orbe, Juan Pablo Plácido, Ellen Pérez Ducy y Eliezer Elías Ferreras. Anunciaron el tercer lugar, para Elvis Omar Báez con Juanito el presidente, y cuando la maestra de ceremonia mencionó la ganadora del segundo lugar, Ruth Carolina Pión, con Érase una vez, Juan supe que era el ganador del primer lugar y no pude evitar que mudas lágrimas rodaran por mis mejillas, sobre todo por el amor que conservo a mi maestro y los hermosos recuerdos del pedazo de mi vida que pasé junto a él.
Entregaron los premios, por suerte Diómedes Núñez, quien fuera asistente del maestro, y Matías Bosch, nieto, por lo que no pasé un mal momento, como advertí el pasado jueves: No sé quien me ha de entregar el premio, pero desde ahora adelanto que no estaré cómodo si es una persona a la que creo responsable de negar las enseñanzas del Maestro.
Entregaron un libro que contiene los ocho trabajos premiados e incluye otros 35 que permiten moldear una imagen de cómo ha quedado en los sentimientos de los dominicanos la imagen de uno de los hombres públicos más sanos de nuestra historia, y eso lo siente más el hoy envanecido autor de algo más que salud.

