Cuando los juegos de béisbol llegan a las entradas finales con un marcador muy amplio a favor de uno de los equipos, por lo regular los managers entran a juego a los jugadores suplentes y hasta la misma estrategia pierde interés. A esta etapa se le llama Tiempo de basura. Igual acontece en los últimos minutos del último cuarto de un juego de baloncesto cuando la diferencia es de más de 20 puntos o al final del segundo tiempo cuando un equipo de futbol va derrotando al otro por goleada. Algo similar es lo acontece en nuestro país, pero no porque exista una abrumadora ventaja de uno de los candidatos de los dos negocios que se reparten el botín del electorado, sino porque no hay una sola propuesta programática decente y uno trata de invalidar al otro demostrando que es menos corrupto o que anda menos involucrado con los dineros de la droga y el lavado. Y sacándose los trapitos al sol mansos y cimarrones con décadas haciendo lo mal hecho. En virtud de que no puedo aportar nada de interés, y ni siquiera califico para que me jaqueen mi correo, y no vale la pena hurgar en mis cuentas, cerraré esta entrega con pinceladas intrascendentes: Mi hijo mayor, José Ernesto, se casa con su compañera de hace dos años Denise Martínez el 10 de agosto en Orlando, Florida. Otra minucia fue el dolor que atenazó mi corazón por el fallecimiento de Dulvin Méndez Matos, hermano de mi entrañable amigo Enriquillo Matos. Las misas del novenario se ofician en la Iglesia Cristo Salvador, en la Correa y Cidrón frente a la escuela Duvergé, en Honduras. Finalmente, que Víctor Sánchez, un compañero de los caminos del pico Duarte, celebró sus 66 años junto a su esposa, doña Ana y su nieto Vitín precisamente en esas lomas que tanto ha visitado el que escribe algo más que salud.

