Opinión

Ancianidad  sin mecedoras

Ancianidad  sin mecedoras

Para quienes participábamos en el “Encuentro de Intelectuales por la paz y la preservación del medio ambiente”, en la pasada Feria del Libro de La Habana, el encuentro con el comandante Fidel Castro fue un asombro.

Al encuentro asistíamos 69 intelectuales de 21 países, junto a 48 reconocidos escritores, pensadores y científicos cubanos, y lo que nos asombró no fue que estuviera tan bien de salud, gracias entre otras razones a la Moringa,  o Árbol de la Libertad, que aquí se da silvestre y que Eleazar Mota, en Nagua, viene cultivando y procesando como  aporte a la humanidad sufriente, ya que tiene más de 23 aminoácidos y siete veces más calcio que la leche.  Esa moringa dominicana, cuyo té se toma el comandante cada tres horas, permitió una reunión  de ¡9 horas! con el caribeño más memorable y universal.

¿Y qué fue lo que nos asombró? Primero su absoluta humildad y su  brevedad, (no en balde una de las primeras resoluciones de la juventud comunista había sido el tributo a la brevedad), en el intercambio con quienes participaron en la conversación con él.  Y luego su absoluta claridad e inteligencia.  Fidel resume varias bibliotecas y sabe prácticamente de todo, por eso a cada interlocutor lo cuestionaba sobre detalles que ni ellos conocían y cuyos datos dominaba a la perfección.  Uno de sus agradecimientos, en ese sentido, fue a la Internet, por permitirle esa mirada cotidiana   a lo que pasa en el planeta.

En el trasfondo de la conversación estaba la preocupación por la extinción de la especie humana, algo que subrayaron  Adolfo Pérez Esquivel, Premio Nobel de la Paz, y también  Sergio Pitol (Premio Cervantes 2005), quienes comentaron    el agotamiento de los recursos naturales, la perversión de las transnacionales mediáticas  y la aparición de nuevos artefactos de guerra que controlan hasta la mente de los soldados, en la preparación para conflictos bélicos de los cuales nadie saldría vencedor y que vaticinan la desaparición  de la especie humana.

Definido como un pesimista táctico y un optimista estratégico, Fidel afirmó que el único modo de vivir tranquilo es pensar en el problema y luchar contra el, haciendo un esfuerzo por informar a los pueblos sobre la espada de Damocles que se cierne sobre sus cabezas.

El tono jocoso lo ofreció la brasileña Marilia Guimaraes, cuando le trajo a Fidel saludos de su gran amigo el arquitecto Oscar Niemeyer, quien con 104 años no solo está clarísimo sino que siempre pregunta por “el muchacho de 85 años” que es Fidel, a lo que éste respondió, riendo, que hay que hacerle un estudio genético.

A cada uno de los expositores, lo sometió a una actualización, lo que provocó que Frei Betto aclarara que  habíamos recibido una demostración de lo que es la educación Jesuita: “De ahí viene Fidel”.x

El Nacional

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