Opinión

Aniversario, amor y combate

Aniversario, amor y combate

Ayer cumplimos Lourdes (Lulú, cariñosamente) y yo, cuarenta y cuatro años de casados y el 4 de julio cumpliremos 48 años de amores y  combates en comunidad de ideales y convicciones. En el curso de ese abrazo integral logramos -y es uno de nuestros más preciados orgullos- logramos (como decía don Ulises Domínguez, padre del inolvidable Asdrúbal) “proyectarnos en el tiempo y en el espacio” a través de una hermosa descendencia: tres hijos (y sus queridas esposas) ejemplares, un nieto y cuatro nietecitas, que son un verdadero tesoro.

Por sugerente casualidad, he sido conmovido por el “Credo Mario Benedetti:

“De pronto uno se aleja de las imágenes queridas

Amiga quedás frágil en el horizonte

te he dejado pensando en muchas cosas

pero ojalá pienses un poco en mí.

 

“Vos sabés en esta excursión a la muerte que es la vida

me siento bien acompañado

me siento casi con respuestas

cuando puedo imaginar que allá lejos

quizás creas en mi credo antes de dormirte

te cruces conmigo en los pasillos del sueño”

 “Está demás decirte que a esta altura

no creo en predicadores ni en generales

ni en las nalgas de Miss Universo

ni en el arrepentimiento de los verdugos

ni en el catecismo del confort

ni en el flaco perdón  de Dios”.

 

“A esta altura del partido

creo en los ojos y las manos del pueblo

en general

y en tus ojos y tus manos

en particular….”

 

Lulú piensa en mi y yo en ella. Nunca ha estado ni  estará lejos, cual sea al que le toque primero trascender el espacio terrenal.

Eso explica  nuestro sintonizado desprecio por la banalidad masificada de la boda del “príncipe” de Inglaterra, por el engendro de superficialidad que encierra la figura monárquica “primera dama”, por la crueldad de los “dueños del mundo” que encumbren su hedor con papel potador del rostro de Bin Laden (una de sus criaturas), por la clientelización  del amor y la belleza, por los asesinos impunes, por los violadores de niños/as y mujeres al compás de “Dios te salve María”, por el capital que chorrea pus y sangre con la bendición del Papa.

El Nacional

Es la voz de los que no tienen voz y representa los intereses de aquellos que aportan y trabajan por edificar una gran nación