El Partido de la Liberación Dominicana y los funcionarios del gobierno (incluso los más comprometidos con el presidente Leonel Fernández), han sido incapaces de dar respuesta a lo dicho por el Papa Benedicto XVI sobre la necesidad de erradicar la corrupción que conlleva tanto sufrimiento, sobre todo para los miembros más pobres e indefensos de la sociedad.
No pueden alegar intromisión en los asuntos internos, porque sería admitir que la corrupción es uno de los elementos definitorios del ejercicio del poder en esta sociedad. No pueden alegar tampoco que la Iglesia local es parte del poder permanente y, como tal, no puede lavarse las manos. Serían incapaces de cuestionar a la Iglesia como institución. (No hablarían de los pactos de silencio impuestos a ciertas víctimas de sacerdotes pederastas, del escándalo del Banco Ambrosiano o de la fuerza que han tomado en los últimos años grupos eclesiásticos con vocación de inquisidores).
Si se han atrevido a decir que el Sumo Pontífice recibió información equivocada de sacerdotes del Partido Revolucionario Dominicano (han tenido el cuidado de no decir que pertenecen al movimiento popular, porque prefieren hacer creer que eso no existe), es porque no han podido guardar silencio y las circunstancias no les permiten darle la razón y apostar a que la declaración se perderá en el tiempo.
Al PRD, le ha tocado en este episodio la parte más cómoda de manejar, porque el sistema político ha creado patrones de respuesta a las declaraciones de las autoridades de la Iglesia dominicana. Es el cardenal Nicolás de Jesús López Rodríguez quien ha advertido que no es noble tratar de sacar provecho político a las declaraciones del Papa y ha hecho notar que quienes dirigieron los gobiernos anteriores tampoco podrían lanzar la primera piedra.
El gran efecto que, en materia social, está haciendo la corrupción en este país, motivó al Papa Benedicto XVI, un clérigo conservador en esencia, a expresarse de ese modo.
El efecto social se advierte no sólo por el evidente contraste entre la situación de grandes masas sin acceso a los servicios sociales básicos y la opulencia que exhiben los funcionarios de alto nivel que ganan cientos de miles de pesos, sino porque el descontento crece y la respuesta de las autoridades oficiales y de los grupos poderosos es la represión y el intento de revertir viejas conquistas.
El Papa consideró necesario hacer saber que la Iglesia conoce la situación en que viven las mayorías, independientemente de que sus representantes en el país desempeñen roles de mediadores a sabiendas de que prevalecerán las ideas de los sectores dominantes, o se identifiquen, en muchos casos, con grupos que no son precisamente populares. Cuida la imagen de la Iglesia en el país en un momento en que entiende que no puede dejar esto en manos del Clero dominicano, que, por grupos o en bloque tiene compromisos con la clase dominante y con sectores del poder político.
Es predecible que otras declaraciones en ese sentido saldrán de El Vaticano.
El ensayo es el mismo que realiza el poder estadounidense, un intento de dar sensación de cambio. La diferencia es que el poder estadounidense tuvo que montarse en la ola electoral y la ultraderecha se vio obligada a aceptar la instalación en la Casa Blanca del negro Barack Obama. En El Vaticano el ensayo se hace sin escrutinio y con la misma figura del Papa. La Iglesia, como entidad milenaria, puede sacar de sus archivos fragmentos de una doctrina social para aumentar su influencia en las mayorías a nivel mundial.
No es casual que Benedicto XVI habla en esos términos, ni lo fue tampoco que su antecesor, Juan Pablo II, lejos de esgrimir como bandera su contribución para la caída de los regímenes socialistas en Europa del Este, al final de su reinado hablara también en favor de los pobres.
¿Pueden ser los jerarcas católicos redentores de las mayorías? Imposible, el hábito no hace al monje, pero tampoco el discurso. Conquistar la justicia y la igualdad, es tarea de las masas y de su vanguardia, que no es el Gobiern, no son los representantes de un sistema político corrupto por definición, y no es el Clero, que conste.

