El pasado viernes 8 de junio nos despertamos con la noticia del fallecimiento de uno de los grandes iconos del arte culinario y la gastronomía internacional, Anthony Bourdain. Este emblemático chef estadounidense, escritor, viajero incansable quien a través de sus programas de televisión por mas de dos décadas se convirtió en una especie de embajador de buena voluntad que nos mostró la cultura e idiosincrasia de cada pueblo que visitó a través de su gastronomía tanto gourmet como popular.
Nuestro país fue anfitrión en el año 2012 de su programa Sin Reservas a través del Travel Channel, donde probaron y destacaron nuestra gastronomía criolla visitando lugares tradicionales como El Mesón de Bari, en la Zona Colonial, La Barra Payan, los tradicionales chicharrones de Villa Mella y los pescados de Boca Chica, entre otros que sirvieron de mucha promoción a nuestro país dado el alcance internacional de sus programas donde en su página de internet nos promocionó; «Descubra la República Dominicana, con playas de arena blanca, aguas cristalinas, resorts de clase mundial y un montón de historia, la República Dominicana es el destino perfecto para familias, parejas y aficionados a la historia por igual».
Bourdain se confesó un infeliz a pesar de su fama y de sus grandes éxitos como reputado chef internacional
Su partida a destiempo fruto de una decisión permanente a un problema temporal, donde por años tuvo que lidiar con problemas de adicción y depresión, nos lleva reflexionar.
¿Como defines la felicidad? En una entrevista que realizara para The Guardian en enero del 2017 admitió que él era un alma infeliz, con problemas de adicción a la heroína y al crack donde reconoció haberse dado cuenta de que había hecho daño a demasiadas personas de lo cual se sentía muy arrepentido y era una pena con la que tendría que vivir siempre.
Bourdain describió sus problemas de ira desenfrenada y celebró el hecho de haber podido dejar de lado su actitud abusiva sobre cocineros, camareros y responsables de limpieza.
Este caso nos demuestra que la felicidad no está en el éxito, ni en la fama, ni en la riqueza, ese vacío existencial solo lo llena algo superior, el amor, la fe en Dios, sobretodo reconocer nuestras debilidades y buscar ayuda profesional cuando sea necesario.

