En esta semana se celebran los 50 años de la misión Apollo 11, que despegó el 16 de julio de Cabo Cañaveral, logró poner hombres en la Luna el día 20 y los trajo de vuelta el 24 de julio, en un momento histórico no solo para el país que impulsó el desarrollo de la misión sino para la humanidad.
La llegada del hombre a la Luna también marcó un momento en nuestra historia como civilización que objetivamente nos obligó a vernos no como grupos de personas divididas por razas, géneros, nacionalidades o credos, sino como una única especie, como seres humanos. Y nos recuerda vívidamente nuestro imperativo.
La tierra sobre la cual usted actualmente tiene los pies puestos tiene fecha de expiración. Pero mucho antes de que llegue ese día el pequeño planeta que llamamos nuestro hogar será testigo de múltiples eventos de extinción, uno de esos podría ser o no causado por nosotros mismos, pero inevitablemente uno de esos será el que ponga fin a nuestra presencia acá.
Todo lo que hemos sido, lo que somos y lo que seremos desaparecerá sin pena ni gloria ante un silencio cósmico. Lo que vivimos, recordamos y lo que dejemos de nosotros después que no estemos dejará de existir en ese momento, y los cientos de miles de años de historia que hemos cultivado se perderán.
Ese momento hace medio Siglo, donde un hombre llamado Neil caminó sobre ese objeto que cuelga en el cielo de todos nosotros, nos recuerda que las cosas no tienen que terminar así. Nuestro destino no tiene que estar anclado al destino de este planeta, porque este no es una prisión sino nuestro punto de partida.
Las lecciones de ese momento y las misiones que le sucedieron también cambiaron para siempre la vida como la conocemos, y mucho de la tecnología que se desarrolló para llevarnos hasta allá hoy nos facilita el día a día. Más aún, la fuente primordial de las penurias y conflictos pierde sentido una vez allá; la escasez de los recursos que explican los fundamentos de nuestras economías, desaparece cuando ponemos a nuestro alcance los ilimitados recursos que literalmente flotan alrededor de nosotros.
Como seres conscientes tenemos una inagotable necesidad de encontrar sentido a las cosas, buscamos propósitos en nosotros mismos y lo que nos rodea, y se lo asignamos hasta a las cosas que no ameritan tener uno. Esta semana celebramos 50 años del recordatorio de que si queremos que todo aquello que le hemos asignado valor, y que nuestra presencia en este universo tenga alguna especie de objeto o significado, es indispensable que la humanidad sobreviva, y para que ello sea posible tenemos que prepararnos a ir lejos de este puñado de agua y tierra que llamamos nuestro hogar.

