Opinión

Apología de Sócrates

Apología de  Sócrates

A aquellos que me han escrito de todas partes, preguntándome por qué no fui incluida en el grupo de los 43, (una tradición de exclusión que, en lo que a mí se refiere, tiene mucho que ver con rivalidades “poéticas” femeninas) que viajaron a la Feria del Libro de Madrid, algo que explica brillantemente Diógenes Céspedes en su ensayo del Areito de la semana pasada, les respondo con estas reflexiones Socráticas.

Sócrates, como recordarán, es el mayor de los filósofos griegos, condenado a morir envenenado, por su inderrotable honestidad.

1.-“Y bien, Sócrates, -me dirá sin duda alguno de entre vosotros-, entonces que es lo que tú haces? De donde vienen esas calumnias que se han difundido contra ti?

2.-Socrates: No son palabras mías las que vais a oir, sino que las remitiré a quien las ha pronunciado y que merece toda vuestra confianza. A él le pregunté si había algún hombre más sabio que yo…respondió que ninguno.

3.-Paréceme, pues que soy algo más sabio…que los demás, pues a menos yo no creo saber lo que no sé.
4.-En seguida, continúe mis pesquisas, veía los rencores que atraía sobre mí; estaba afligido por ello, hasta espantado, pero creí en el deber de atender por encima de todo la voz de Dios.

5.- Os juro que esto es lo que hallé según hacía mis pesquisas: que los dotados menos felizmente para la sabiduría y aquellos que la tenían menos me parecieron mejor dispuestos para ella.

6.-Después de los personajes políticos hube de dirigirme a los poetas que hacen tragedias o ditirambos y aun a los demás poetas, seguro de coger en flagrante mi ignorancia respecto a ellos, y tomé, pues de sus poesías las que me parecieron trabajadas con mayor cuidado; y les pregunte qué es lo que habían querido decir, pues deseaba instruirme.

7.-Reconocí pues que no es la razón lo que dirige al poeta, sino una inspiración natural, un entusiasmo semejante al que transporta a los adivinos y a los que predicen el porvenir; todos dicen cosas muy bellas, pero no comprenden nada de lo que dicen…y reparé también que su talento para la poesía les hacía creer que eran también para todo lo demás los más sabios de los hombres, lo cual no eran.

8.-Me separé, pues de ellos, convencido también de que les era superior de la misma manera que lo era ya a los hombres políticos.

9.-Por fin me dirigí a los artífices y me pareció que los grandes artistas pecaban por donde pecaban los poetas. Echaban a perder todo lo que sabían con todo lo que creían saber.

10.-Estas pesquisas son, las que han levantado contra mi tantas enemistades”.

El Nacional

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