Aunque algunos dominicanos y dominicanas se han formado la falsa idea de que estamos viviendo bajo un estado de derecho, de seguridad individual, la realidad demuestra otra cosa muy distinta. Solamente en apariencia existe garantía de vida y bienes; estamos a merced y capricho de lo que decida un asesino a sueldo.
El agrietamiento de la sociedad dominicana se manifiesta de diferentes formas y una expresión de ella es el desarrollo de la criminalidad y la naturaleza de los crímenes que se llevan a cabo, que difieren de cómo se ejecutaban anteriormente. Las causas generadoras de los hechos criminales que se han cometido en los últimos tiempos tienen relación directa con operaciones que parten del tráfico de drogas y con otros negocios vinculados con el bajo mundo.
Recientemente quedamos sorprendidos, alarmados, al examinar algunos documentos oficiales que detallan investigaciones realizadas por organismos del Estado en los cuales se revelan crímenes espeluznantes llevados a cabo por pandillas que cometen actos delincuenciales por encargo.
La persona que se detiene a leer las declaraciones que hacen los matones en el curso de los interrogatorios a que son sometidos, de inmediato se da cuenta que los asesinos son verdaderos desalmados, no tienen el menor sentido de respeto por la vida de los demás; están formados para matar, disfrutan el crimen.
En muchos casos la acción criminal no es llevada a cabo por negocios de drogas, sino por operaciones comerciales de otro tipo. Se le paga a un asesino para que se encargue de cobrar a deudores con la indicación de que si no pagan sean eliminados físicamente. Para los grupos mafiosos los conflictos no se resuelven por la vía judicial, ante los tribunales, sino por medio del pistolazo.
Las acciones criminales ocurridas recientemente revelan que el crimen está estrechamente ligado con la política y que a veces resulta difícil llevar ante los tribunales ordinarios a los que directa o indirectamente participan en los hechos delictuosos; drogas, negocios sucios, dinero y politiquería se entrelazan.
El crimen por encargo se ha convertido en una nueva forma de acción criminal lo que obliga a los investigadores a ser sumamente cuidadosos en su labor e impone a los jueces de la jurisdicción de instrucción y de juicio ser realistas y objetivos para llegar a comprender que aquel que aprieta el gatillo y quien entrega el dinero, muchas veces no es el interesado en el crimen, sino un tercero que aportó los recursos económicos en busca de arreglar cuentas con la víctima. No olvidemos que aquel a quien el crimen es beneficioso es el que lo ha cometido.
Ante la nueva forma de actuar de los criminales se impone que la sociedad tenga al frente de los cuerpos policiales y judiciales a hombres y mujeres honrados, capacitados, laboriosos y con equipos tecnológicos modernos. Los asesinos tienen dinero, armas y buenas relaciones políticas de poder.

