Opinión

Apuesta del Presidente

Apuesta del Presidente

PEDRO P. YERMENOS FORASTIERI
Cuando se alcanza un nivel de liderazgo y las posiciones públicas del presidente Leonel Fernández, la vida política de personajes de esa naturaleza gira en torno a la preservación del poder en sus manos o al mantenimiento de la mayor cuota del mismo. Los proyectos colectivos de los que forman parte, pasan a tener una preponderancia secundaria y lo prioritario, en todo caso, es la figura del político de que se trate.

 Ese es un elemento trascendente al momento de hacer las lecturas del acuerdo suscrito entre el presidente y Miguel Vargas. A nadie debe caberle dudas de que Leonel Fernández está maniobrando para retener o incrementar sus posibilidades de poder, tanto en el presente como en el porvenir. Si los demás aspirantes del PLD no tienen en cuenta eso, están perdidos y sus tácticas y estrategias podrían conducirles al fracaso.

 La intención original del presidente respecto a la reelección está contenida en el texto de modificación constitucional que remitió al Congreso. Es el punto de partida para arribar a conclusiones correctas en términos de ganancias y pérdidas en el pacto de referencia. Leonel Fernández quería que se aprobara una repostulación consecutiva y que se pudiera volver a aspirar después de un período de receso. De aprobarse de esa manera, se hubiese presentado un conflicto jurídico en cuya definición podía resultar que él repitiese como candidato en el 2012, 2016 y 2024.

 Siendo así, hay que analizar los motivos que lo indujeron a firmar un acuerdo que le crea un escenario mejor que el que tiene en la actualidad, donde no puede aspirar jamás, pero peor que el que deseaba a partir de su propuesta original. Es decir, no puede volver en el 2012, pero sí en el 2016.

 Lo primero es que no logró en la asamblea revisora la mayoría requerida para aprobar el texto tal como lo remitió. Sería iluso suponer que disponiendo de ella, hubiese renunciado a los beneficios que le representaba la instauración del sistema que propuso.

 Lo otro es su conciencia de las dificultades para obtener una victoria en un tercer período consecutivo dentro de una crisis económica de la magnitud que afecta al mundo y cuyos efectos podrían empeorar para la nación. Esa combinación de falta de mayoría y dificultades electorales, lo empujaron a luchar por el segundo escenario más favorable, aquel donde se le permite volver a aspirar, que es la solución inmediata que persigue, ya que otros objetivos se podrían alcanzar en el futuro y en mejores circunstancias. Como se ve, pierde y gana con el pacto.

 El hecho de no volver en el 2012 y sí en el 2016, nos remite a sus deseos respecto a la suerte de las candidaturas del PLD para los comicios de 2010 y 2012. Como estoy persuadido de que encarna un proyecto de poder personal, lo previsible es que se empeñe en que la mayoría de los legisladores peledeístas respondan a sus intereses y que no haga nada por la victoria de su partido en las próximas presidenciales. Después de todo, esa es una victoria que él, de por sí, la considera bastante difícil. Esto se reafirma si se recuerda que sería Danilo Medina quien mayores posibilidades tendría de ser el candidato y su proyecto de poder es inversamente proporcional al del presidente. Así se juega a la política y por eso cada quien hala para su lado.

De esa manera, ahí está la apuesta del presidente: Tener la mayor influencia en el congreso electo en el 2010 –que durará seis años-, esperar la derrota del PLD en el 2012, confiar en los desastres históricos de los gobiernos del PRD, y surgir como la opción redentora en el 2016, donde espera contar con vientos más propicios para preparar su retorno en el 2020. Pobre PLD, pobre país.

yermenosanchez@codetel.net.do

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