Un sargento mató a un teniente de varios disparos por la disputa de un turno de un cajero automático, ubicado en una plaza comercial de Santo Domingo Este. Ambos pertenecían a la Policía Nacional y portaban sus armas de reglamento, pese a que vestían de civil. El oficial hirió también a su victimario.
Se ofrece la versión de que el teniente hacía múltiples retiros, ocasionando molestias a las personas que se encontraban en fila y provocando una acalorada discusión con el sargento, la cual degeneró en tragedia. En un cajero, si hay personas en espera, no debía de hacerse más de tres operaciones, por respeto a los demás, pero tampoco es motivo para llegar a tales extremos.
Es un doloroso incidente atribuible al uso innecesario de armas de fuego. Las armas de fuego las inventaron para matar y se ha demostrado que no portarla evita desgracias. Producto de la baja escolaridad, muchos las portan para intimidar y mostrar fuerza, otros para exhibir status social y económico, ostentación que les beneficia hasta para la conquista de féminas.
El Ministerio de Interior y Policía es responsable de la alta cantidad de dominicanos con armas de fuego. Es un negocio para esa institución, sin tener el reparo de que la mayoría de la gente con licencia para porte y tenencia no califica para andar con un revólver o una pistola. Incluso a personas con problemas mentales se les ve en las calles muy bien armadas.
Sólo debían de tener armas de fuego los militares y policías, portándolas exclusivamente durante el servicio, así como empresarios, comerciantes y funcionarios públicos que ameriten seguridad, requiriendo, en todo caso, equilibrio mental.
Entiendo que no es tarea fácil desarmar a miles de personas que pagan impuestos, pero el porte o exhibición de armas debe ser prohibido mediante ley, exceptuando a militares y policías. Regulando el porte de armas de fuego se contribuye a bajar los niveles de violencia que tenemos.

