Cuando asistimos al estadio de béisbol, los fanáticos del aérea home plate se enteran más fácil de las «intimidades» del juego de beisbol en si, que los situados en los «bleachers», por esto se dan cuenta fácilmente de los errores del réferi en el conteo de las bolas y los strikes, se enteran de la reacción de los bateadores y los «intercambios de palabras» entre pitcher y bateadores, en otras palabras, viven con más fuerza la euforia de los equipos cuando anotan carreras.
Este análisis que realizamos desde los «bleachers» de la oncología dominicana nos deja ver lo siguiente: cambios de los directivos del Instituto Oncológico por parte de la Liga Dominicana contra el Cáncer que maneja la institución desde el año 1942, y ahora, una propuesta del gobierno de instalar un nuevo hospital oncológico con personal y equipamiento totalmente aparte para atender «a los pobres».
Los médicos fanáticos de la oncología dominicana y «desde los bleachers» entendíamos que la nueva estructura, venía a coronar el sueño del doctor Heriberto Peter, ese prestigioso y filántropo de la medicina dominicana que hizo el primer aporte personal de RD$40,000.00 (cuarenta mil pesos) en el año 1942 para formar junto a comerciantes y laicos de la época, la Liga Dominicana contra el Cáncer que tan grandes y amplios beneficios ha dejado a nuestra sociedad.
Desde los «bleachers» creemos que el manejo del cáncer debe ser ampliado con instalaciones modernas, personal médico y paramédico con mayor experiencia, que sirvan para colocar unidades de prevención, de apoyo psicoemocional y seguimiento, de educación en sentido general, unidades de investigación y tratamiento de las enfermedades oncológicas, porque estas enfermedades forman parte de las llamadas «crónicas no transmisibles» que además de incrementar la mortalidad humana de cualquier país, aumentan el dolor y presupuesto familiar.
Si políticamente se quiere beneficiar «a los pobres» como se ha dicho, no hay mejor oportunidad de aumentar la población del Sistema de Seguridad Social Dominicano -con los recursos que se van a emplear en este centro- y así cumplir con el mandato de la ley 87-01 en sus artículos No. 7 y 8 que estableció una «gradualidad» en la inserción de los diferentes regímenes donde todavía falta gran parte de los subsidiados y la categoría contributivo-subsidiados, amén de que se ha vencido el periodo de transición de 10 años (art. 33).
Asimismo, si queremos ayudar «a los pobres», ampliando el abanico de cobertura en salud, -como lo sería a través de la seguridad social- estaríamos cumpliendo con la estrategia de la Organización Mundial de la Salud para enfrentar las Enfermedades Crónicas no Transmisibles (enfermedades cardiacas, diabetes, cáncer, enfermedades pulmonares) causantes del 62% de las muertes mundiales y aprobada en la última Asamblea de las Naciones Unidas en septiembre 2011 en New York.
Tal como ha sido presentado a la población, el nuevo hospital sin lugar a dudas y analizado desde «los bleachers», representa una incongruencia que tendrá su «costo político», dada la duplicidad de funciones con elevado costo financiero, recursos humanos y esfuerzo laboral que provocara -para un país con recursos limitados en salud- aparte de desencadenar una «crisis gerencial innecesaria» entre la Liga Dominicana contra el Cáncer, UASD y autoridades sanitarias, la «armonización» se impone.

