Vehículos estacionados encima de las aceras, áreas verdes descuidadas, colmadones con estantes de botellones de agua y mesas en las aceras, bancas de lotería, vendedores de frutas y hoyos en el pavimento, arrabalizan las inmediaciones del Palacio Nacional y contrastan con la solemnidad que debe exhibir el lugar. Un recorrido por las calles Moisés García, Pedro Henríquez Ureña, Doctor Delgado, Galván, Rodríguez Objío, Rosa Duarte, Doctor Báez y otras que rodean la casa de Gobierno evidenció que esa situación se repite en la mayoría de las vías.
El panorama se completa con la existencia de calles con montones de hojas secas acumuladas en las aceras y vehículos transitando en vía contraria.
En la calle Moisés García, una oficina gubernamental adecuó la acera para convertirla en un estacionamiento de vehículos, obligando a los transeúntes a caminar en medio de la vía.
Un gran orificio en una acera de la calle Galván esquina Rodríguez Objío, en Gazcue, pone en peligro la vida de transeúntes y afea el entorno de la casa presidencial.
Los automovilistas no respetan la disposición de transitar la calle Rodríguez Objío sólo en la dirección oesteeste y, en las horas pico, provocan largos y molestosos congestionamientos de vehículos.
En la zona abundan los letreros No Estacione, Peligro de Grúa y No Estacione en este Lado, pero los automovilistas hacen caso omiso a esas advertencias.
Esa situación se producen ante la mirada indiferente de los pocos agentes de la Autoridad Metropolitana del Transporte (Amet) que se observan en la zona.
A una esquina del Palacio de Gobierno, en la calle Pedro Henríquez Ureña con Galván hay una banca de lotería que causa sorpresa a las personas que transitan por el lugar.
También llama la atención un camión recolector de basura realizando su labor a las 11:00 de la mañana.
Los motores de los mensajeros de los colmados estacionados en las aceras constituyen otro elemento que impide que la zona sea agradable a la vista de nacionales y extranjeros que visitan el Palacio Nacional.
UN APUNTE
Terrenos
La existencia de terrenos baldíos en las inmediaciones del Palacio Nacional, llenos de basura, yerba y matorrales es un elemento más que desfigura la solemnidad y majestuosidad que debe imperar en la Casa de Gobierno.

