El fenómeno que se sigue dando con el merengue es realmente interesante y digno de un análisis.
Mientras Acroarte y algunas entidades realizan seminarios y conversatorios para analizar la denominada «crisis del merengue», los artistas extranjeros se están dando buen festín asumiendolo como parte de su menú musical «gastronómico».
Ya hemos mencionado el caso de los puertorriqueños Rakim y K-Y, Tony Dize y los venezolanos Chino y Nacho, que han logrado una gran proyección internacional con las fusiones que a base de merengue han hecho.
Mientras los músicos criollos participan en debates, cónclaves y seminarios para buscar solución a «la crisis del merengue», sin detenerse a pensar si los que están en crisis son ellos.
Mientras siguen teorizando, el contagio por nuestro ritmo se expande en la versión de intérpretes extranjeros.
Después de ser abordado por la colombiana Shakira, a la corriente se suma ahora Jennifer López, la Diva del Bronx, quien se lanza con un merengue llamado Papi.
Se trata de las dos figuras femeninas de la canción latina más populares, que de repente han puesto sus ojos en el ritmo criollo.
La inevitable lectura que debemos darle al asunto es que mientras aquí nuestros músicos tradicionales se las pasan con las manos en la cabeza lamentándose por la denominada crisis del merengue, las nuevas figuras internacionales de la música, al igual que las más populares divas de la canción popular, encuentran en el género buen material para lograr mayor proyección y hacer negocios.
Una verdadera paradoja que también plantea la situación de que el «salvamento» al merengue parece que nuevo llega de fuera.
Esos artistas son una especie de Fondo Monetario Internacional que han venido en auxilio, al rescate del merengue.
Aunque en el terreno queda la discusión de si eso que están grabando es o no merengue, debido a la mezca de hip hop y elementos urbanos que hay en las fusiones que prevalecen en este tiempo.

