Los promotores de la música dominicana son responsables de que el
merengue no tenga una mayor expansión en el mundo.
Se han contentado con la plaza de Nueva York, a donde realizan sus
principales giras, sin preocuparse por escalar a otros mercados, a
donde ya ha llegado la bachata, como es el de la costa Oeste de
Estados Unidos y centro de la nación, donde hay público de diferentes
nacionalidades.
Nueva York se ha «atomizado» en cuanto a lugares de baile.
Ya no existen los grandes «ballroom» y discotecas de los años 80 sinolos llamados «lounge» de muy poca capacidad, y que carecen de la
rentabilidad de otros tiempos.
Hay cantantes que para viajar a Nueva York dejan aquí sus músicos,
para armar allí una banda que los acompañe.
Con tantos músicos que se han quedado de manera ilegal en Nueva York, hoy día es posible tener una orquesta aquí y otra allá, lo cual sale
más económico, porque no hay que pagar pasajes, hotel, tarifas de
viaje ni dietas por estadía.
Un grupo musical que no ha caido en la trampa de circunscribirse a
Nueva York ha sido el de Héctor Acosta, que se mueve por todo Estados
Unidos, llegando a públicos y a lugares diferentes.
Sus manejadores hondureños en esa nación han tenido otra visión, que no han tenido los promotores dominicanos con otros grupos.
Aunque, en honor a la verdad, hay que señalar que el despliegue de
Acosta en esos mercados no se debe solo al merengue.
No hay que olvidar que la bachata ha sido en gran medida, el género
que le ha permitido el «crossover» y el poder penetrar a lugares donde no es posible entrar a merengazos limpios.

