Con la Ley de Cine y los incentivos que se otorgan para atraer a los productores cinematográficos extranjeros para que hagan sus rodajes en el país ocurre lo mismo que con la Ley de Incentivo Turístico, que posibilitó que numerosas cadenas hoteleras internacionales se establecieran en el país, construyendo hoteles turísticos en los principales polos, pero sin contar con el personal especializado para dar servicio.
Para satisfacer su demanda y exigencias se vieron obligados a traer personal de fuera, sobre todo en el área de comida.
Otros hoteleros procedieron a reclutar personal entre los lugareños de algunos pueblos, que de buenas a primeras convirtieron en camareros, enseñándoles apenas a saludar a los huéspedes cuando entraban a los restaurantes.
Por suerte se abrieron algunas escuelas que han ido supliendo la necesidad de personal entrenado.
En el cine ocurre lo mismo. Se quiere que vengan productores extranjeros a rodar aquí, pero no hay el personal capacitado en el aspecto técnico, por lo que sería necesario traerlo de fuera, lo que encarece cualquier filmación.
Se necesita una escuela de cine para formar personal técnico. Eso ha debido ser lo primero.
Los rigores y exigencias del gran cine internacional no son los mismos del criollo, donde se improvisan hasta a los actores, como se puede ver a presentadoras de la televisión fungiendo como actrices en filmaciones que aquí se hacen.
Lo malo es el título de «actriz» que asumen, por haber participado encualquier peliculita de quinta categoría, y peor aún, que compitan en nominaciones de premios como Actriz del Año.

