Algo insólito está ocurriendo en el seno de la Asociación de Cronistas de Arte.
Un sector de la membresía de la entidad ha venido reclamando que haya un cese de los trabajos de relaciones públicas que algunos directivos de la entidad realizan para artistas, programas de televisión y empresarios del espectáculo, pues se considera que esa vinculación de trabajo y de compromisos afecta la credibilidad del premio que otorga la asociación.
En la calle hay serios cuestionamientos a esa práctica, pues con justificada razón aquellos que compiten por un premio, se consideran en desventaja con aquellos que tienen gente asalariada en la directiva de la entidad.
Lo extraño es que en vez de poner atención a los señalamientos que se hacen, que van en favor de la pulcritud y diafanidad del premio, la respuesta de los actuales directivos haya sido la de adoptar medidas de retaliación en contra de todos aquellos que han censurado la señalada práctica.
Penoso es que esa situación se esté dando, para asombro de la comunidad artística y la gente que sigue de cerca el caso que ya es público.
Se hace necesario que los sectores más sensatos de Acroarte tomen cartas en el asunto para buscar salida a esta situación que alcanza niveles de escándalo, precisamente en el tramo final de la actual gestión.
Conjurar y resolver el problema de las relaciones públicas que contaminan la premiación, debe ser el caso a resolver, por el bien del premio y de la asociación.
Censurar y tratar de acallar a quienes han tenido la responsabilidad de abordar el asunto no hace más que empeorar las cosas.
Hay mucha gente atenta a este caso, repetimos.

