En Puerto Rico, Vanezuela, Colombia y muchos otros países, la televisión y la radio se trabaja mediante la contratación de talentos.
Las televisoras y la radio se encargan de agenciarse a las figuras y productores de los programas que realizan, lo que les permite aprovechar al máximo su potencial.
Diferente a lo que aquí ocurre que un productor de programa tiene que cargar con el pago del arrendamiento del espacio, personal asistente, talento, buscar los auspicios publicitarios, cobrar, y en algunos
casos procurar luces, sonido y otros equipos para poder sacar al aire su propuesta en términos adecuados.
Hay que tener una base muy sólida para atender a tantas necesidades almismo tiempo.
Sobre todo cuando llega la época difícil, en que desciende la colocación publicitaria, pero no así los compromisos fijos.
Por un lado ese sistema posibilita que cualquiera pueda tener acceso a
producir un programa de televisión. Pero al mismo tiempo hace que
mucha gente se enganche a ofrecer más de lo mismo, en un medio donde ya la gente tiene acceso a la mejor televisión del mundo que le llega vía satélite y a través del cable, lo que inevitablemente produce comparaciones.
En los últimos años la televisión dominicana, en los canales de UHF y
VHF, además de los canales provinciales y regionales del telecable, se ha visto inundada de toda suerte de programas, todos procurando
sustentarse en los mismos anunciantes.
Pero como dice la salsa, no hay cama para tanta gente. Es lo que explica la desaparición de tantos programas en estos tiempos.
