Rumiando pasadas glorias
A los compositores dominicanos les ha tocado una época difícil, en razón de que la mayoría de los cantantes de este tiempo están recurriendo cada vez más a las adaptaciones de composiciones que ya fueron éxito, y a los llamados «covers», de temas del pasado y del presente de temas de autores extranjeros.
A diferencia de otros tiempos, a los compositores criollos los artistas nuestros de todos los géneros les están dando de lado, pese a la enorme cantidad de talento que se encuentro con sus folders debajo del brazo, queriendo que alguien escuche sus canciones y eventualmente les grabe.
Los primeros que no estan en eso son los salseros, con un género que se ha puesto de moda, pero basado en la mayoría de los casos en adaptaciones de todo lo que graban.
En la bachata, por igual…El «Me van a matar por las mujeres» que grabó Anthony Santos en vesión de merengue, algunos creen que es de este tiempo, cuando es algo que viene desde los años 50.
Pero, el que no sabe es como el que no ve, según dicen.
Otros que están de moda y que les huyen a los compositores de ahora como «el diablo a la cruz», son los urbanos, que también están en adaptaciones, sin respetar siquiera los derechos de autor.
Toman los temas clásicos de la música norteamericana y los «descuartizan» escogiendo algunas partes con las que arman unos muñecos de Frankenstein musicales que dan pena y verguenza a la vez.
El canibalismo musical también se da con los merengueros que les caen «como los pavos» a cualquier tema que se pegue en salsa o balada, haciendo de ello mostrencas adaptaciones.
Parecería como si casi todos estuvieran siguiendo a pies juntillas la trama de Jack El Destripador, en lo que a música se refiere.
Todo ello lo impone el facilismo, el miedo a la creatividad y el desprecio al trabajo y al esfuerzo.
Con ello, indudablemente, consiguen la pegada más fácil, pues parte del camino, ya lo tienen recorrido, con él exito que han tenido los temas que adaptan o fusilan.
Es muy fácil trabajar un tema éxito, con solo cambiarle el ritmo.
Mientras tanto, a los compositores criollos, que tanto brillaban antes, solo les queda «rumiar » sus pasadas glorias.

