Artes en extinción
Primero fueron los recitadores y declamadores que brillaron en los años 50 y 60 los que desaparecieron del parnaso nacional, y con ellos el mejor vínculo de la poesía con la gente del pueblo.
No había acto social, que no terminara con la declamación o recitación de un poema a cargo del poeta del barrio, o de los grandes profesionales en los clubes y salas sociales.
Les siguieron las vedettes, aquellas fulgurantes mujeres que tanto nos deleitaban con sus cimbreantes movimientos, sus curvas y rumbosos trajes de plumas, sus afeites y esteticismos.
El vedettismo es un arte que hace años entró en extinción, quedando estampado en el pasado, con sus mujeres de trajes de lentejuelas, sus tacones, sus maquillajes y sus luces perdidas.
El arte de las cantantes solistas también entró en declive, y con ellas la canción popular, y el bolero de otros tiempos.
Anteriormente exponentes como Luchy Vicioso, Rhina Ramírez, Cecilia García, Anahay, Jacqueline Estévez, María María, Taty Salas, Olga Lara, Vickiana, Adalgisa, Maridalia, la difunta Sonia, tenían días fijos para cantar en los principales programas de la televisión, y en su agenda compromisos establecidos en los shows de los clubes nocturnos y sociales.
Y hace tiempo que todo eso pasó a la historia, quedando apenas en pie de lucha, algunas muy pocas heroinas que se resisten a sucumbir a las inclemencias de los nuevos tiempos, signados por el dembow, el reguetón, el hip hop, el rap y las «chapas que vibran».
Y como si se quisiera completar el ciclo ominoso del cierre de una época gloriosa del arte popular criollo, al merengue lo han colocado ya en lista de espera, por más que algunos de sus exponentes se empeñen en defenderlo en el plano retórico, pero solo de palabra.
Pensar en todo lo que hemos perdido y se nos ha ido, nos convoca a la reflexión y a la nostalgia.

