La generación que se nos fue
A nadie le llama la atención ni repara en el hecho de que hay toda una generación de cantantes romanticos criollos que ha desaparecido del mercado, sin que se les vea en actividad artística alguna o cantando, aunque sea de manera esporádica, en la televisión. Luchy Vicioso, Lope Balaguer, Fernando Casado, Rhina Ramírez, Cecilia García, Vinicio Franco, Frank Cruz,Rafael Solano, el mismo Niní Caffaro, del cual solo se sabe, por la función que desempeña al frente del Teatro Nacional, pero nada que ver con lo artístico.
Están todos retirados. Y Joseíto Mateo aunque de vez en cuando aparece, no se le ve en nada. Ni en fiestas de carnavales, tarimas, ni siquiera en actividades privadas.
Comentaba eso con unos amigos, y la reacción de uno de ellos fue decirme: ¿Y para qué quieres tú que revivan esos muertos?.
Ese es el concepto que muchos tienen, en un país como el nuestro, donde la gente no respeta a los consagrados ni sigue trayectoria.
A diferencia de Puerto Rico, donde los artistas veteranos y clásicos hacen grandes conciertos anuales y siempre están presentes de muchas maneras, en eventos de instituciones bancarias, empresas diversas, clubes. Ahí tenemos el caso de Chucho Avellanet, que tiene más de 50 años cantando, y viene para acá a presentarse en el anfiteatro Nurin Sanlley, como en sus mejores tiempos.
Lo mismo ocurre en México y en otros países, donde los artistas veteranos y tradicionales tienen su espacio, son respetados y venerados por todos, incluyendo al público joven.
Diferente a nuestro país, donde es prohibido envejecer, aunque se conserve la voz en buenas condiciones.
Lo paradójico es que cuando se presentan shows con artistas extranjeros de larga data, acude un masivo público de adultos, que dicho sea de paso, al estar conformado por gente de edad, establecida en lo económico, son los que más gastan en bebidas, y quienes dejan mayores beneficios en las salas o night clubs donde se presentan espectáculos.
Es paradójico que el público de mayor consumo y posibilidades, sea el menos atendido en el negocio del entretenimiento de República Dominicana, mientras un Omega tiene hasta dos shows en una noche, y está en la cartelera los siete dias de la semana.
Pero así son las cosas en el país donde a la casualidad le llaman “chepa” y al peso (todavía) le dicen “tolete”.

