El anuncio de Jeffrey, el merenguero, de que llevará al presidente Danilo Medina una propuesta para que el merengue se difunda más en la radio podrá estar muy bien intencionada, pero desde todo punto de vista se advierte como una pretensión desfasada que dificilmente pueda prosperar.
Se parece al sistema que se quería instaurar en el pasado, de que por cada disco extranjero que se tocara en la radio, había que difundir uno dominicano.
Cómo obligar a radioemisoras que tocan música norteamericana, a las de programas hablados, de baladas, salsa, y hasta a las religiosas que rompan con su programación para incluir merengue?
Pero además, en qué cabeza cabe que se pueda obligar a estaciones de
radio, que operan como un negocio, a tocar el merengue de manera
obligatoria, en aras de hacer que el género vuelva a alcanzar la
popularidad y el auge de otra época?
Ello sería marchar contra las ruedas del tiempo. Las preferencias y
los gustos no se pueden imponer por leyes.
Por más que uno sea «merenguero hasta la tamborta», dificilmente puede apoyar gestiones o peticiones como las que el Jeffrey propone, dicho de paso queriendo contradecir de manera irrespetuosa a los que han hablado de que hay una crisis en el ritmo El público es el soberano, el que decide qué escuchar, bailar y
consumir en lo que a música se refiere, y lamentablemente el merengue de los intérpretres tradicionales hace tiempo que salió del interés de la gente.
Por más que algunos lo quieran negar esa es la realidad, que se puede
comprobar hasta en el hecho de que una gran cantidad de establecimientos han optado por no cobrar por el precio de entrada a sus fiestas bailables con orquestas en vivo, lo que se ha traducido en una verdadera debacle para los promotores de bailes, que como consecuencia de esa situación, hasta se han salido del mercado. La única discoteca que se mantiene «al pie del cañón» todavía cobrando por la entrada a los bailes de los lunes es Jet Set. Toda esta situación es consecuencia de lo mucho que ha caido el negocio de la música y del merengue.
De seguro que si los merengueros «clásicos» o tradicionales se decidieran por provocar nuevamente el interés de la gente, otro gallo cantaría. Mientras sigan enclavados en los años ochenta, ni San Danilo Medina podrá ayudarles.

