¿Quién lo iba a decir?
Las paradojas que se dan en el mercado de la música son como para pensarlas.
En otros tiempos, las principales figuras del merengue se desvivían por ser firmados por una multinacional del disco, procurando con ello la promoción y expansión a otros mercados.
Empero, algunos de ellos propiamente no obtuvieron nada de su firma con las grandes disqueras, como es el caso de Johnny Ventura, que lo contraron para engavetarlo, y a Milly Quezada, a la que quisieron convertirla en bachatera, para dejarle el campo libre como nueva Reina del Merengue a la boricua Melina Leon por ser más joven.
Bellaquerías y estratagemas de los disqueros, que la gente común y corriente desconoce, pero que forman parte de las mañas del negocio.
Pero bueno, a quienes les ha ido bien con las multinacionales es a Juan Luis Guerra y a Romeo, sin duda alguna.
Esos artistas son dos «máquinas de vender discos», y por supuesto cualquier sello los quisiera tener en su catálogo.
Volviendo a lo de la paradoja, la misma viene a cuento a propósito de que Sony Music firmó al exponente urbano denominado El Lápiz Conciente.
Mientras los merengues están, como dicen, «oliendo donde guisan», los urbanos continúan tomando la delantera en todos los terrenos.
En la televisión, en las tarimas populares y en los grandes conciertos.
Agreguen ahora el de las multinacionales del disco.
¿Quién lo iba a decir?

