Videos, fotos y recuerdos
Los programas de televisión de producción local son los que por tradición le confieren identidad a la televisión nacional, lo cual no está en discusión.
Aún con la audiencia y popularidad de los enlatados y de las telenovelas, la televisión apoyada en el talento criollo es la que ha fomentado a las grandes figuras del arte popular en todas las vertientes, tanto en el humor, la música, el canto, como también en la comunicación.
Desde los tiempos memorables de La Hora del Moro de Rahintel, que lanzó una generación de artistas que hacen 50 años se catapultó al gusto de la gente.
Programas como El Show del Mediodía, Fiesta, El Gordo de la Semana, Sábado de Corporán, De Noche, El Show de Luisito y Anthony, Cuánto Vale el Show?, Sabroshow, Caribe Show, casi todos desaparecidos, fueron el estandarte y el blasón con los que se le confería peculiaridad y singularidad a nuestro arte y televisión.
Sin ellos no hubiera sido posible la sustentación de las grandes figuras de nuestro arte
muchas de las cuales hoy sólo forman parte de los llamados “años dorados”.
De esa época, y de aquellos tiempos, solo han quedando, videos, fotos y recuerdos.
El mercado para la televisión se ha ido atomizando y ha entrado en un tendencioso declive tras la impronta de la era digital.
Todo está cambiando como parte de un proceso donde de repente se han generado nuevos códigos sin que muchos lo hayan advertido.
Da pena ver en las encuestas programas que se tenían de referencia, que no marcan ni un uno por ciento en las mediciones de audiencia, que nadie sabe cómo se mantienen en el aire.
En algunos casos propuestas rutinarias, donde se da más de lo mismo, y que entran a las nominaciones de los premios acogiéndose al amparo de la ley del menor esfuerzo.
Lo extraño es que no se hayan pescado de que hace tiempo murieron en el interés de la gente.
Pero están ahí, en pantalla, con su mortaja de difunto y su maquillaje de muerto.
Divagando, porque nadie les ha hecho los nueve rezos.

