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Arte nacional

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Juezas y verdugas
Ahora resulta que cada vez que un programa de radio o de televisión, de chismes o del llamado “cotilleo”, quiere llamar la atención y gestionar oyentes, apela al penoso recurso de entrevistar a una figura femenina desfasada de la televisión, para que critique y ataque la honra de las muchachas que hoy día son figuras de los principales programas.

Son recurrentes esas apariciones de comunicadoras que solo van a la televisión a despotricar en contra de las de nueva generación, articulando ataques que van desde las intervenciones estéticas que se han hecho, cuestionamientos a su capacidad y formación, como también acusaciones de que aprovechan la proyección y popularidad que les da el medio para incurrir en acciones “non sanctas” en el plano amatorio.
Apena escuchar a mujeres acusando de prostitutas a otras que hoy ocupan posiciones que antes ellas tenían.

Cierto es que “de todo hay en la Viña del Señor”, pero resulta chocante que sean las mujeres las que hayan asumido esa campaña de descrédito en contra de otras, en una época tan sensible, en que se libra una lucha contra la violencia de género.

Si esas son las mujeres las que se desgarran, qué le dejan a los hombres, pudiera razonarse.
Y no es verdad que todas las mujeres de nueva generación que están en la televisión usan la pantalla como escaparate para venderse y prostituirse.

O están en el «chapeo», como ahora se le dice.

No se puede generalizar, dañando la imagen de todas las mujeres del medio, creando un estigma que hasta problemas familiares les está provocando a muchas de ellas.

Si a eso fueramos, y miramos al pasado, se caerían algunas “santas” de los «viejos templos» que hoy se presentan inmaculadas y libres de todo pecado.

Así que no conviene continuar con el jueguito este para buscar “likes”.

Esas comunicadoras que no esconden sus frustraciones, deberían reflexionar y pensar bien, para no seguirle el juego a programas sin contenido, que buscan llamar la atención usando el recurso de provocar escándalos, colocándolas a ellas como juezas y verdugas de sus propias compañeras

El Nacional

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